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Desde el inicio de nuestra web este apartado recogió dos visiones relativas a nuestras pasadas Bodas de Oro. Por una parte, la de de Montserrat Rebés (esposa de nuestro compañero Alberto Saborido), que desde una perspectiva personal de esposa de compañero de nuestra promoción, y con una mirada sico-sociológica, nos daba una visión original e inteligente de lo que supuso nuestro reencuentro y celebración de las Bodas de Oro de nuestro curso, lanzando una serie de interrogantes sobre el reencuentro del que había sido testiga.Por otra parte, la de nuestro compañero Leonardo Romero Tobar que bajo el prisma de la literatura nos alimenta con un rico concentrado de las esencias de nuestra vida colegial, que a más de uno le activará muchos recuerdos adormecidos y contradictorios.

El pasado mes de Abril 2009, Paco Blanco, que lo mismo “plancha un huevo que fríe una corbata”, después de un largo meditar, se atrevió a contestar a los interrogantes que lanzaba Montse en sus reflexiones sobre su vivencia en nuestras Bodas de Oro.

Visión de Montserrat Rebés

Visión de Leonardo Romero

Contestación a Montse (de Paco Blanco)

 

LAS BODAS DE ORO
VISIÓN  SICO-SOCIOLÓGICA DE UNA ESPOSA

Un compañero vuestro, amigo mío, me hizo un encargo difícil: que intentara colocarme como observadora y aportara mi visión sobre qué había sucedido para que las “LAS BODAS DE ORO” hubieran sido tan emotivas, cálidas y participativas.

Digo lo del encargo difícil, por que en este caso la observadora era parte de lo observado. Me llegaron más las emociones y sentimientos que fluían, que la posibilidad de tomar la distancia imprescindible para cualquier análisis.

Fue una sorpresa lo que se respiraba. Hoy toda la organización-  institución está en crisis: familia, escuela, valores, creencias…Se ha roto el juego, proceso básico, de la relación PERTENECER-INDIVIDUARSE, a favor de una sobreindividuación.

A pesar de todo, vosotros estábais allí 50 años después. No todos vivíais cerca, pero allí estábais, unos con más esfuerzo que otros. Estábais con la ilusión de celebrar un RITUAL, que a la vez que definía la pertenencia, reforzaba y sostenía las premisas básicas de la identidad a través del tiempo.

Sí, había pasado mucho tiempo, y el tiempo forma parte de la definición interna de toda organización activa. Pero de nuevo la sorpresa. No era un tiempo secuencial: pasado-presente-futuro, era un tiempo RETROACTIVO. El pasado para vosotros os permitía poderlo prolongar en el presente. Desde lo fuera que una podía estar, surgía el interrogante. ¿Cómo fue este pasado?. ¿Qué hubo allí para mantener tan vivo el deseo, para que en Junio de 2007, en buena parte fuérais aquellos de hace 50 años?

Dejo abierto este pequeño apunte para que lo completéis. Un abrazo.

Montserrat Rebés Baqué           

 

50 AÑOS DESPUÉS
VISIÓN DESDE LA LITERATURA DE UN COMPAÑERO

Desde el Wilhelm Meister,  la novela de plenitud del gran Goethe, las literaturas occidentales disponen de un modelo narrativo que ha sido denominado “la novela de los años de formación”, un tipo de relato en el que el crecimiento y aprendizaje de un joven funciona como síntesis brillante de la más esplendorosa etapa de germinación biográfica en los  seres humanos. Una especialización de este modelo literario lo constituye la “novela de internado” – desde Pérez de Ayala a James Joyce- en la que el impulso juvenil del protagonista forja su personalidad  contrastándose con las durezas de un sistema educativo inflamado de rigores tradicionales.

Nuestra experiencia de escolares adolescentes no fue solo literatura, aunque vida y literatura mantienen inabarcables complicidades. Cincuenta años después, los que concluíamos el bachillerato en el “Liceo Castilla” de 1957, no podemos afirmar, claro está, que tallamos exclusivamente nuestra personalidad en la entrañable etapa de aquellos  años colegiales. Muchos acontecimientos y circunstancias se han añadido a los de aquella edad, pero “desde entonces/ cuantas aguas por el cauce han discurrido/ del Arlanzón ...”, como decían los primeros versos de un poema que el inolvidable Hermano Ángel dedicaba a un marista que- si no recuerdo mal- había entregado su vida al crecimiento del colegio. Algo parecido podemos decir nosotros, aunque la vieja imagen del río burgalés no tiene que anclarnos en la impresión de lo que fue, fugitivo y perecedero, ya que en la memoria viva de cada uno de nosotros actúan, de seguro,  las vivencias más emotivas de lo que entonces estaba siendo nuestro despertar a la vida social. Y en este despertar,  con qué fuerza nos sobrecogían las emociones encontradas, los saberes recién descubiertos y las oscuras intuiciones de  que el misterio de lo sagrado podía gravitar sobre nosotros.

Los sentimientos de amistad y antipatía crecían entrelazados, como en la naturaleza, el olmo y la vid; para despejarlas se abrían ante nosotros los anchos patios de los juegos y deportes y las no sé si pedagógicamente acertadas “batallas de romanos y cartagineses”  o las configuraciones de “los émulos” (algunos decían “émbulos”). Para la adquisición de los saberes –tan limitados en aquellos años de hierro-, los cuadernos y los libros de “Luis Vives”, los fogonazos de la enseñanza civil en las clases de los profesores que venían de fuera y la atracción aventurera de los gabinetes de Ciencias Naturales. Para la inserción en lo sagrado, en fin, aquella catequesis implacable  en la que se perfilaba una marca de afectividad maternal con el culto mariano que el propio nombre de la institución docente imponía. Nuestra “novela de los años de formación” podría tirar de estos y de otros muchos hilos que nuestra memoria mantiene tensos en el telar.

De mí mismo, puedo decir que algunos de los libros que manejábamos en las clases me adiestraron en la desconfianza sobre lo escrito y lo tachado. La escueta figura de la moza Maritornes que presta tantos servicios en la venta del Quijote me hacía sospechar que lo leído en el texto escolar no era todo lo que había escrito Cervantes y, efectivamente, años más tarde descubrí que el capítulo XVI en la edición de “Luis Vives” había sido expurgado “ad usum delphinis”. En mí quedan los estímulos de lo que podíamos leer y – por supuesto- de lo que se nos censuraba, y ambos estímulos permean los estratos de mi conciencia de lector. Y para evocar otros estratos de mi memoria personal, se me hacen inolvidables las vetas de humana cercanía que intuíamos en algunos de nuestros maestros y, desde luego, con el correr de los años que desfiguraban la información, la recuperación de noticias sobre nosotros, una recuperación que hemos actualizado afortunadamente en el encuentro del pasado mes de junio.

 Leonardo Romero Tobar

 

LAS BODAS DE ORO
CONTESTACIÓN A MONTSE

Queridos Weberos: No sé si debiera decir internautas, que queda así como mucho más de acuerdo con las nuevas tecnologías, pero la palabreja “weberos”, no sé si acuñada por Angel o por mí, para el caso es igual, queda como más simpática y de andar por casa, al menos a mí así me lo parece. No tiene más connotaciones, no le busquéis la punta.

Me dirijo a todos vosotros para, aunque con algo de retraso y sin arrogarme ninguna representatividad, contestar a dos preguntas que, en la primera página de nuestra web, planteaba Montserrat Rebes, esposa de nuestro querido compañero Alberto Saborido.

Pronto hará dos años que Angel Daroca nos regaló un fantástico juguete que, sin duda, nos dejó a todos deslumbrados. Tal vez por eso las reflexiones de Montse sobre nuestro encuentro del cincuentenario no tuvieron la respuesta que merecían.

¿Por qué, ahora precisamente, me decido a contestarla?. Confieso que soy un hombre débil, y mucho más después de una buena cena, haciendo tertulia en agradable compañía. No hace mucho que Montse, Mª Dolores, (mi mujer), Alberto y el que suscribe cenamos juntos en muy buena armonía, (creo que os llegará una foto), y cuando llegaron los cafés y las copas pues, .......bueno, para que os voy a decir, el espíritu se relaja, las dificultades desaparecen, se habla de lo divino y de lo humano y nos sentimos felices, expansivos y generosos. Como apareció el tema de la web, (era inevitable), y la reflexión incontestada de Montserrat, sin pensármelo mucho y de forma entusiasta, me comprometí a reparar el fallo. Y aquí me tenéis, dispuesto a cumplir con mi eufórico compromiso. Aunque, si os he de ser sincero, no sé como voy a salir del empeño:

Se sorprendía Montserrat, en su análisis, de que nuestras “BODAS DE ORO” hubiesen resultado tan emotivas, cálidas y participativas.

Bueno, Montse, me parece que todas las bodas de oro llevan implícita una alta carga de emotividad, en especial si, como ocurría mayormente en nuestro caso, al tiempo se ha de añadir la distancia. Pero tienes razón, los tres ingredientes estuvieron presentes. Pero también hubo algo más.

Antes de continuar quiero hacer una pequeña puntualización: veinticinco años antes la mayoría de nosotros ya nos habíamos encontrado para celebrar nuestras “BODAS DE PLATA” y también fueron emotivas, cálidas y participativas, pero con contenidos añadidos imposibles de ponderar a priori. Efectivamente, salvo las lógicas excepciones, casi nadie sabía nada de casi nadie, por lo que la curiosidad y la expectación estuvieron, inevitablemente, presentes. Veinticinco años dan para mucho, los americanos, (del norte), dicen que si a los cuarenta no te has hecho millonario has fracasado en la vida. Afortunadamente, nosotros no somos americanos y yo, por lo menos, tampoco soy millonario. En veinticinco años la personalidad del individuo suele estar plenamente consolidada. Aquellos niños que habíamos convivido durante los felices años del colegio nos volvíamos a encontrar con veinticinco años más, convertidos en cuarentones, cada uno con su historia, cada uno con su pasado, pero todavía con mucho futuro que añadir. Además, el Colegio, el símbolo que nos impulsó a acudir, estaba prácticamente igual que a nuestra marcha. Allí estaban las viejas aulas, los viejos corredores, el patio donde jugamos, el salón de actos, la capilla, el laboratorio, el museo, el hermano Marino, que si no me equivoco era por entonces el director,........en fin, que volvimos a ser colegiales por unas pocas horas mientras nos contemplábamos con alguna que otra especulativa mirada. Por cierto que el evento fue todo un éxito, por lo que aprovecho la ocasión para felicitar a quienes lo organizaron: César Martínez Izarra, Fernando García Vicente y José Antonio Villaverde Beato, si me olvido de alguno le pido anticipadas disculpas.

Pero hace dos años, al cabo de otros veinticinco, el escenario se había transformado, el externo, (nuevo colegio, aunque allí seguía el hermano Marino, incombustible), y el interno, o sea, nosotros, los ex alumnos. Los colegiales-hombres, o los hombres-colegiales, unidos de nuevo por los viejos lazos del Colegio.

Sin duda, Montserrat, a todos los que nos reunimos allí para celebrar nuestras Bodas de Oro tenemos mucho más pasado que futuro, y ahora pregunto yo: ¿de qué se compone el pasado sino de memoria?. Ibamos en busca de nuestra memoria antes de que siga convirtiéndose en futuro.

¿Qué ocurrió allí?, es tu segunda pregunta. Pues que nuestra memoria común se convirtió de nuevo en presente, evitando, por unas pocas horas, ser devorados por el futuro.

No sé si mis respuestas pueden satisfacer a un espíritu analítico como el tuyo, a mí, desde luego, me las ha dictado el sentimiento,.... como al poeta. Hasta pronto weberos, Paco Blanco.

El hombre es nada,

muy hijo de mujer, muy corto en vida,

muy lleno de miseria amontonada.

Es flor que apenas nace ya es cogida;

es sombra que camina, y se apresura

en manera ninguna detenida.

 

ANTONIO CARVAJAL (Albolote, Granada 1943)

(Fragmento de Señor y perro)

 

Paco Blanco

 

 

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