bandera del sitio

fondo navegador vertical superior

Cuentos Navidad 2015

Navidad 2015

-EL  ÁNGEL TEODORO Y  EL PORTAL DE BELÉM (Felix Puche).

-POR DOS VELAS (Alberto Saborido)

-UNA PANDERETA VUELA (Angel Daroca)

EL  ÁNGEL TEODORO Y  EL PORTAL DE BELÉM.
Un año más, el ángel Teodoro fue enviado a  la Tierra a  hacer el milagro de Navidad. Por supuesto con la indicación del tesorero del Cielo de “allá  te las compongas” sin un euro.
Estaba Teodoro merodeando entre los puestos navideños que  estaban instalados en la Plaza Mayor de Madrid.cuando observó un matrimonio joven que tiraba fuertemente del brazo de un niño de unos  siete años que pedía insistentemente se le comprase un pequeño Portal con las figuras que llevaba dentro, es decir la Virgen, San José, el niño Jesús, la mula y el buey, a  la vez que le decían que esas tonterias en cuyo significado no creían, nos le convenían. Teodoro siguió a las tres personas que se retiraban de la plaza y se introducían en un lujoso coche cuya puerta les abría un chofer uniformado, mientras Andrés, que así se llamaba el niño, sollozaba. Teodoro les siguió hasta Pozuelo que es un pueblo de las afueras de Madrid donde sólo viven los ricos. Allí el coche se introdujo en los jardines de una mansión.
El  día que les dieron las vacaciones de Navidad, Tonelete que era el mejor amigo de Andrés y  un poco gordito, le llevó a  su casa y le pidió que le ayudase a montar el Belém, a  la vez que le explicaba la vida del niño Jesús. Andrés quedó muy impresionado por la historia que le había contado Tonelete y decidió que él también tendría un  portal de Belém. Dado que sus padres se negaban a comprarle uno optó por fabricarse uno por su cuenta. Cogió una caja de zapatos y cinco tapones de corcho con la caja hizo un modesto portal y dentro puso dos tapones en vertical que serían la Virgen y  San José, un tapón cortado por la mitad, que sería el Niño tumbado delante de la Virgen y  San José  y  a cada lado del Niño dos tapones tumbados que representaban la mula y el buey. Andrés, todos las noches, rezaba la oración que le había enseñado Tonelete.
Cuando los padres de Andrés vieron el extraño Portal se lo retiraron no sin antes reñirle por hacer esas tonterías.
El ángel Teodoro que había visto todo lo que le pasaba al pobre Andrés decidió actuar. En  un descuido del señor que llevaba el puesto del citado portal le cogió  prestado el portal con las figuras incluidas y una caja de potentes petardos y bengalas de gran luminosidad.
El  día veintidós de Diciembre cuanndo la familia de Andrés se hallaba cenando se oyó un gran estrépito en la puerta del comedor y dentro de este  una gran explosión seguida de una luz cegadora que dejó  a  todos los comensales totalmente  aturdidos, mientras se oía alejarse una voz angelical que decía “GLORIA A  DIOS EN EL CIELO Y  EN LA TIERRA PAZ A  LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD”. Cuando todo volvió a  la calma encontraron que donde había estado la caja de zapatos ahora se encontraba el portal de Belém que estaba en la Plaza Mayor.
Ya  por la noche cuando todos dormían, Teodoro restituyó el portal al puesto donde estaba. La  sorpresa de la familia fue muy grande cuando observaron que el Portal había desaparecido, razón por la cual se dirigieron con el coche a  toda velocidad al puesto donde estaaba el Portal y con auténtica ansiedad  pidieron al tendero que les vendiese el portal por lo que fuese; ante tal disposición a pagar, este les aumentó el precio del Portal en el importe de una cajja de petardos y otra de bengalas que le había desaparecido.
Teodoro que se había quemado un poco el dedo con la bengala, se chupaba éste a  la vez que disfrutaba por dentro de una gran satisfacción al ver cómo la familia de Andrés cantaba villancicos con gran devoción en la Misa de Navidad  a  la vez que Andrés y  Tonelete intercambiaban una gran sonrisa.

Feliz Puche

Volver a inicio de página de Cuentos de Navidad 2015

POR DOS VELAS
Sí. Poco a poco me parece que algo se mueve y pretende salir hasta mostrarse plenamente. Esta vez no es como lo acostumbrado, no será tan sencillo pero al final ganará.
Durante días me he enfrentado a una página en blanco dispuesto a imaginar y relatar un “cuento de Navidad” pero me doy cuenta que la capa que cubría mi imaginación era muy espesa, impidiendo el resurgir de las ideas,
Esta losa que voy imaginando está formada por: el ambiente social tenso del lugar de mi residencia y que pareciendo no notarse, es un pertinaz “chirimiri” que cala hasta los huesos. Por otro lado (y creo no voy a ser bien entendido) la emoción del cada día en mi trabajo que procuro llevar a cabo con la responsabilidad de hace años. También las cotidianas alegrías y preocupaciones familiares y cómo no, el goteo inesperado de que alguien querido nos ha dejado…Todo esto, hoy me doy cuenta, me ha hecho no ver más allá.
Dos velas han sido la espoleta de que las palabras explotaran, todavía reticentes. Dos candelas humildes ante mí, me estaban indicando que hoy estamos en la segunda semana de Adviento y que lo verdaderamente importante es lo que dentro de quince días vamos a celebrar, el nacimiento de Jesús.
La losa espesa y dura ha saltado por los aires. Me he sentido liberado de ese estúpido estado en que me encontraba. Me han entrado ganas de exponer mi cambio de ánimo. He pensado que no debo estar encorsetado por los hechos cotidianos que a todos nos acompañan sino que tienen que ser un acicate para acercarme más a los demás y ser una ayuda auténtica en todos los sentidos.
Las velas anunciadoras me han llevado a Belén y su estrella, me ha indicado el camino de la liberación personal.
Este ha sido mi “cuento de Navidad” personal.
¡FELICES NAVIDADES!
Alberto Saborido

Volver a inicio de página de Cuentos de Navidad 2015                                                            

UNA PANDERETA VUELA
La Residencia de la 3ª edad estaba a las afueras de un pequeño pueblo a unos pocos Kms de Burgos. Un árbol de Navidad a la entrada con parpadeantes lamparitas, diversos Papás Noel,  y gran profusión de bolas, estrellas, guirnaldas, flores de pascua, así como alguna tarjeta de felicitación con motivos del Portal de Belén, adornando los pasillos y salas comunes, evidenciaban que se respiraba a ambiente navideño.
Encima de un pequeño Portal de Belén situado en un rincón de la sala de estar, se situaban varios tableros de corcho con fotos de fiestas de cumpleaños de los residentes y de  eventos del centro, así como avisos de orden interno. De forma destacada figuraba el anuncio de que a las 12 del 21 de Diciembre el cuarteto musical “Locos por la música” actuaría para los residentes en el Salón de Actos.
Bernabé, aquejado de un fuerte y progresivo Alzheimer, llevaba más de dos años en la residencia. Viudo, padre de una hija con una vida sentimental muy convulsa, que decían que vivía en algún lugar de Marruecos, recibía todos los fines de semana la visita de su nieta Jimena. Últimamente con frecuencia su abuelo ya no le reconocía, su cabeza siempre doblada sobre su pecho, y era muy difícil mantener con él una sencilla conversación; pero en el ritual de la visita nunca faltaba cantar con el abuelo el “Himno a Burgos” con cuyo canto Bernabé se transfiguraba, erguía la cabeza, se llenaba de energía y la letra y las notas fluían de él, casi milagrosamente, de manera vital.
Los componentes del cuarteto “Locos por la música” eran tres exalumnos de los Maristas de Burgos, entraditos en años, y la viuda de un antiguo compañero de colegio, que hacía poco habían creado el grupo musical.
En el desayuno del 21 de Diciembre el tema de conversación de los residentes era la actuación del cuarteto musical, y una cierta sobreexcitación se palpa en el ambiente. Hacen cábalas sobre contenidos de concierto y sobre los lazos familiares de sus componentes.
Una hora antes del concierto ya empiezan a tomar posiciones en el salón de actos. Cuando Jimena llega, recoge a su abuelo de la habitación y al bajar al salón de actos, los residentes ya llevan un buen rato sentados y hay bastante algarabía entre ellos y sus cuidadoras. El cuarteto empieza puntualmente su actuación con la canción “Solamente una vez” interpretada con una gran talento y sentimiento que emociona tanto a los residentes como acompañantes; al empezar a oir la canción Bernabé levantó súbitamente su cabeza hasta ese momento vencida sobre el pecho, dirigiendo su mirada hacia el escenario, con abundantes lágrimas corriendo por sus mejillas,  que con los compases de la canción se fueron transformando en hipos que terminaron requiriendo la atención cariñosa de su nieta Jimena que tuvo que empezar a consolarle. Nuevos boleros, pasodobles y villancicos llenaron el espacio y tocaron los corazones de todos los residentes que con desbordante alegría poco a poco empezaron a participar en el concierto, cantando y bailando con otros residentes, familiares o cuidadoras, en completa comunión con el cuarteto totalmente motivado viendo cómo estaban progresivamente arrastrando al auditorio y creando un ambiente más propio de una discoteca de jovenzuelos que de una residencia de la tercera edad. Jimena no daba crédito a la transformación que estaba experimentando su abuelo, no sólo incorporado sino cantando a grito pelado y bailando con su nieta como una peonza. La canción de propina del extraordinario cuarteto fue un marchoso y muy conocido pasodoble de tuna que rememoró a Bernabé sus años estudiantiles en los que tocaba la bandurria; secundó al cuarteto cantando como un “descosido”, saltando y aleteando los brazos al ritmo de la canción, y muy excitado hasta el punto que empezó a preocupar a Jimena. A pesar de que jolgorio era globall, las voces y aleteos de Bernabé no pasaron desapercibidos para uno de los componentes del cuarteto que en ese momento percutía, vibraba y movía la pandereta a un ritmo endiablado. Con los compases abuelo y Pandereta se fueron progresivamente realimentando, y aislando del resto como si ambos estuvieran metidos en una cápsula dando vueltas al ritmo de una excitante canción; Bernabé todo descamisado, brincando, volando, gritando, bañado en sudor y totalmente rojo, y Jimena pidiendo a gritos que se calmara porque le veía fatal. La última corchea de la canción de forma inexplicable desencadenó por parte del componente del cuarteto el lanzamiento instantáneo y enérgico de la pandereta hacia las posiciones de Bernabé,  en cuya frente percutió ligeramente cayendo desplomado al suelo, entre los gritos enfervorizados de los asistentes ajenos a este hecho. Al poco los gritos de alegría se transformaron en gritos de pavor mientras una enfermera trataba de reanimar a Bernabé.
Tres de los componentes del cuarteto están esperando para declarar en una sala de la Comisaría, hundidos de dolor. Jimena acaba de declarar y pide reiteradamente al comisario ver al Pandereta lo que consigue al final. Al verla entre desgarradores sollozos pide perdón a Jimena, quien se abraza a él y compitiendo en lágrimas le dice: “No te preocupes, a mi abuelo le habéis despertado y ha muerto de felicidad”.

Angel Daroca

Volver a inicio de página de Cuentos de Navidad 2015

Enlace a resto de Cuentos de Navidad