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Navidad 2014

-El Belén de mi hermano (Alberto Saborido)

-El Ángel Teodoro en África (Felix Puche)

-Glosa navideña "¡Navidad, Navidad...¡" (Paco Blanco)

EL BELEN DE MI HERMANO
Cada vez  que mi hermano mayor ponía  el belén en casa, me entraban tremendas ganas de formar parte de cualquiera de sus personajes; bueno, me inclinaba más por ser un habitante más de ese maravilloso pueblo de Belén: poder  vivir en sus casas de corcho y tejados llamativamente coloreados de rojo,  a pié del camino o empinadas en las alturas de montañas imposibles…
Por arte de birlibirloque navideño, un día lo conseguí…
Era un día bastante frio del mes de diciembre. La lluvia había cesado y pude observar cómo unos pastores  sacaban  las ovejas de sus refugios probablemente para adecentar el establo y llenarlo de alimento; el tiempo no estaba para airearse. Cuando les vi distraídos, me colé en el cobertizo. ¡Qué maravilla!. Luces verdes y amarillas colgaban de las desvencijadas ventanas, dejando ver con gran claridad lo que yo, admirado, había visto colocar con destreza y paciencia a mi hermano. El lugar me llenó de paz. El suelo de serrín invitaba a echarse y disfrutar del momento. Había llovido y aunque frío, el ambiente que  respiraba era embriagador (debido probablemente a la humedad del musgo recién cogido por los hermanos en una excusión siempre inolvidable). Eché mi abrigo al suelo dispuesto a disfrutar de lo que me rodeaba pero, apenas lo intenté, un resplandor intenso hizo que, sobresaltado, saliera afuera: ¡Mi hermano había colocado una “potente” luz detrás de un angel que a puras penas se sostenía sobre un arbusto. A sus pies un mensaje con la leyenda: “¡Paz a los hombres de buena voluntad!”. Ante la escena, un fuego con la olla a cocer y cuatro pastores asustados y estáticos (como figuras que eran)  admirando y escuchando la Buena Nueva: “El Mesías ha nacido en un portal de Belén. Id a adorarlo”. El momento era emocionante, histórico ¡y yo, no sé cómo, estaba allí!.
Quise ver qué ocurría y salí a la intemperie. Entre cuevas, en cuyo interior se podían ver luces verdes y rojas sabiamente colocadas por mi fraterno y que daban la impresión de profundidad y misterio, entre montañitas de musgo aquí y allá y alguna piedra con formas indescriptibles, se deslizaba un largo y serpenteante camino de fino serrín (que nos regalaba el carpintero de abajo de casa). Una larga fila de caminantes que portaban corderitos, gallinas, hogazas de pan… Ninguna figura tenía las manos vacías y caminaban decididamente a un lugar bien determinado. Me atraía particularmente un carromato tirado por una especie de mulo (una de las últimas adquisiciones en la feria de belenes) que transportaba unas finas astillitas a modo de tablones; logré subir a su parte trasera y así pude contemplar lo que siempre me había fascinado tanto mirando nuestro belén. ¡Pero esta vez desde dentro!.
A mi izquierda el corcho se había convertido en  rugosas montañas de Judea y tras ellas, el papel azul de forrar libros en un claro y estrellado cielo. Qué manitas tenía mi hermano para estas cosas y  para colocarlas en su lugar adecuado. Tras un arrugado papel marrón a modo de roca, sorprendía una inimitable fuente de la que brotaba un gran chorro de…papel plateado. El “agua” aliviaba la sed de un misterioso riachuelo del que no se sabía dónde estaba su principio ni su final ocultos ambos por serrín y musgo. Desde fuera me encantaba el paisaje y el rincón acogedor de la fuente y del río, pero en  esta ocasión sí pude acurrucarme junto a la fuente como tanto había deseado, saboreando la escena y sintiendo una gran paz.
De este placentero estado me sacaron unos inesperados pasos que ya comenzaba a echar en falta. Tras de mí, y sobre una loma, los tres Reyes Magos montados en sus camellos y guiados por inestables pajes (uno u otro perdían el equilibrio al irse secando el musgo que pisaban con el paso de los días navideños)  hacían camino siguiendo a La Estrella.

¡La Estrella! Elemento trascendente y fundamental en este retablo sobre el nacimiento de Jesús. Su colocación daba lugar a democráticas discusiones entre los hermanos (a veces mi madre también opinaba). Con la cola hacia arriba, a un lado o al otro, colgada con un hilo en el techo. sobre el pesebre…A mi siempre me había gustado colocarla horizontal y sobre el Portal. Y así estaba cuando la pude admirar desde dentro. Sus cinco puntas y cola plateadas era La Señal para esos Magos y para los caminantes de senderos de serrín. Bajo la estrella, la escena era de gran emotividad y sencillez. Una especie de cuadra iluminada por bombillitas de varios colores y que dejaban ver un buey y una mula acostados, daba cobijo a las figuras más importantes: Jesús en su cuna en la entrada, mostrándose mecido por una Virgen reclinada sobre él. San José dos pasos a un lado, hacía de anfitrión para los recién llegados pastores, que inclinados, admirados y algo aturdidos aunque llenos de alegría (eso me lo imaginaba yo pues las figuras no eran muy expresivas) dejaban allá sus presentes. ¡Y yo estaba allí, viendo cumplido aquel deseo infantil que siempre brotaba desde muy adentro cuando llegaba del cole y encendía el nacimiento!
Un deseo cumplido que paradójicamente nunca se cumplirá pero aflorará ante la presencia de cualquier belén, como ante el que hacía mi hermano.

                                         ¡¡FELIZ  NAVIDAD 2014!!                                                  

Alberto Saborido

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EL  ÁNGEL TEODORO EN ÁFRICA
En  la tarde del 24 de diciembre, el ángel Teodoro paseaba por los soportales de una plaza de Madrid pensando con preocupación que no se le ocurría qué milagro de Navidad podía hacer teniendo en cuenta que el tiempo se le echaba encima y que si no hacía el milagro de Navidad le podía caer la del pulpo. En  ese instante reparó en un bulto del que salían unos pies descalzos, que estaba en  la esquina  de dichos soportales.  Teodoro quitó los trapos donde suponía que estaba la cabeza de la persona poseedora de los pies que sobresalían del montón de trapos distinguiendo el bello rostro de una negrita de unos 16 años que tiritaba bajo el frío nocturno. Después de las presentaciones de rigor y de haberse ganado Teodoro la confianza de Miriam, que es como se llamaba la negrita, esta le contó  su historia.
Miriam vivía en una pequeña aldea de Mali de unos 50 habitantes. Le  habían casado a  los 14 años con un hombre de 49 años que la maltrató desde el primer día y del que hace 3  meses tuvo un hijo  que  se llamaba Umbopa y  que en esos momentos estaba en  un centro de acogida en Almería. Un  mal día Ramán, que es como se llamaba el bruto de su marido, la despertó con una patada y  le dijo  que debía coger al niño y  ponerse en viaje para salir con destino a España. Después de una penosísima travesía de muchos kilómetros a  través de África, llegaron a  la costa de Marruecos donde unos hombres les embarcaron en una frágil patera no sin antes darles todo el dinero que traían y en cuya embarcación se amontonaban unas 29 personas entre hombres, mujeres y  niños. Ya  cerca de la costa de Almería un fuerte oleaje volcó la patera consecuencia de lo cual sólo sobrevivieron Miriam,Umbopa y otras dos personas que fueron rescatadas por una nave de Salvamento Marítimo. Los supervivientes fueron llevados a  un centro de acogida. Una vez recuperados el niño y ella le dijeron a Miriam que el niño quedaría internado en la institución hasta que ella estuviera en condiciones de poder hacerse cargo de él. Le  dieron 50 euros, ropa usada y  un billete de autobús para Madrid y la señalaron la puerta sin dejarla despedirse  de su hijo. Había llegado hace 10 horas y  allí  estaba hambrienta y sin saber que hacer. Teodoro después de pensar en la solución del problema, le dijo que se levantase y  que se colocase entre sus alas y se agarrase fuertemente a  su cuello. Hecho esto y  después de un fuerte aleteo, Teodoro tomó altura  desplazándose a  una velocidad que superaba con mucho la del sonido; a los 20 minutos se  encontraban Teodoro y Miriam bajo la ventana en la que dormía Umbopa. Teodoro abrió con sigilo la ventana y cogió entre sus brazos al niño cuyas características le había descrito previamente Miriam.Una vez acomodados los dos viajeros  emprendieron de nuevo viaje a  la aldea de Miriam donde llegaron a  las once y media de la noche.
El  padre Valdiaran estaba preparando la choza que le servía de capilla para la misa de Nochebuena a  la que asistirían los únicos 10 cristianos que había en la aldea pues el resto adoraba a extraños dioses. Miriam, su hijo y Teodoro fueron recibidos con gran alborozo por su familia y  el resto de la aldea. Una vez que Miriam contó la historia , todos se volvieron hacia Teodoro con grandes muestras de asombro y simpatía a  la vez que le ofrecían lo mejor que tenían en sus casa. Por lo que allí se hablaba estaba claro que Miriam y su familia  eran de  los que adoraban a dioses primitivos.Teodoro tomó la palabra y les comentó de donde venía y que esa noche se celebraba el nacimiento del niño Jesús, y  que sería bueno que esa noche asistieran a  la misa de Nochebuena y  oyesen las palabras que el padre Valdiaran les iba a  dirigir. Dicho esto, Teodoro se despidió de Mirian,  quien dio a  Teodoro un sonoro beso en la mejilla y un fuerte abrazo que le hizo sonrojar, y  de toda la aldea entre lágrimas y gritos de alegría que veía con asombro como Teodoro subía al Cielo a gran velocidad.
El  padre Valdiarán no daba crédito a  lo que veía ya que toda la aldea se agolpaba dentro de la capilla y más todavía crecía su asombro cuando todos los  idólatras de la aldea pidieron ser bautizados al final de la misa.
Cuando el ángel Teodoro llegó al Cielo, el Padre Celestial le echó  una bronca por que el transporte de personas por ángeles estaba reservado para autoridades como la Virgen María. El  Niño Jesús  que estaba oyendo la bronca, hacía señas al ángel Teodoro que no le hiciese ni caso.

Felix Puche

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¡NAVIDAD...NAVIDAD!

Si las costumbres son leyes
y las leyes respetamos,
la Navidad celebramos
hasta pasados los Reyes.

Costumbres que se hacen leyes
como la de asar el pavo,
poner el besugo al horno,
embutir los canalones

y preparar la escudella,
sin olvidar los turrones,
el vino, el moscatel y el cava.
Y cuando lleguen los Reyes

estaremos tan ahítos
de comer y de beber,
que nos va a importar un pito
se acaben las navidades.

Paco Blanco

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