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página de Cuentos de Navidad 2011

Navidad 2011

La crisis celestial (Felix Puche)

Lo siento Lope......¡Es Navidad¡ (Alberto Saborido)

Una Navidad de Luisito (Antonio Pérez)

 

LA CRISIS CELESTIAL.

Como todos los años por estas fiestas navideñas, se originaba cierta tensión en la dirección de la corte celestial debido a  que el Niño Jesús quería ser él el que designase el ángel que haría el milagro de Navidad que daría origen al cuento correspondiente. Como ya sabemos por años anteriores el ángel favorito del Niño Jesús era el ángel Teodoro.
Este año el Padre Celestial anunció que por razones de la crisis había que hacer recortes en el gasto.  Ha habido que restringir las apariciones de la Virgen por razón del vestuario, ya que ella se ha negado a  repetir vestido en apariciones sucesivas. De  hecho cuando se le notificó a  la Virgen la restricción dijo que esto era cosa del padre divino de su hijo, ya que éste nunca hubiera hecho eso a su madre  y  añadió que le daba lo mismo porque ya no había pastorcillos a  quien aparecerse , por estar escolarizados todos.
Volviendo al tema del milagro de Navidad el niño Jesús dijo que habría milagro de Navidad y  que sería como en otros años el ángel Teodoro quien lo llevaría a  cabo. El  Padre dijo que Teodoro era un chapucero y  se reafirmó en que no habría milagro. Tomando la palabra el Niño Jesús le recordó en tono amenazante que si no había milagro de navidad tampoco habría cuento para la página web del Liceo Castilla que dirigía un ángel que había perdido sus alas por su mala cabeza y  que le daría el número de móvil del Padre Celestial y  que se entendiese directamente con él y  que recordase lo pesado que era con esto de los cuentos de Navidad  el citado ángel. Oído que hubo  esto EL PADRE Celestial noto que se le erizaba su larga cabellera blanca a  la vez que  registraba grandes temblores. En  medio de esta crisis acertó a  decir ¡¡NO, ESO NO POR FAVOR!!! haz lo que quieras y  se retiró a  otra nube.
Después de recibir  el encargo de hacer el milagro por parte del Niño Jesús , el ángel Teodoro pasó por administración para que le dieran algo para los gastos y  le dieron un billete de 10 euros entre grandes aspavientos. Por cierto que mirando con detalle el billete se veía que era una fotocopia bastante mala.
Cuando el ángel Teodoro aterrizó en la tierra lo hizo en la T4 de Barajas  como no podía ser de otra manera. Dado que no tenía ni idea del milagro que iba a  hacer, se dedicó a  pasear por las salas de embarque  del aeropuerto  mientras iba dando pataditas a  una chapa  de cerveza que había en el suelo. De  pronto le sorprendió el alborozo , las risas  y  voces  que había en una de las salas de embarque. Se  fijó en que el destino del vuelo era Cancún, y  se introdujo en la sala para ver lo que decía aquella ruidosa gente. De  las conversaciones oídas pudo sacar la conclusión que a  aquella gente le caían muy gordas las navidades, y  que prácticamente huían de sus casas dejando a  sus parientes y  padres mayores solos  y  tristes importándoles un bledo su tristeza.
De  pronto el ángel Teodoro oyó por los altavoces: “ Pasajeros  con destino a  Cancún comiencen a  embarcar por la puerta 42”. El  ángel Teodoro sin pensarlo dos veces se hizo invisible como pudo y  se introdujo en el avión. Cuando el avión llevaba 1  hora de vuelo  el ángel Teodoro bajó a  la zona de control de combustible de los 4  motores que llevaba el avión y  sin pensárselo un momento cerró la llave de combustible de un motor. Al  poco tiempo escuchó por megafonía que el comandante informaba al pasaje de que un motor no estaba operativo . Acto seguido el ángel Teodoro empezó a  cerrar y  abrir las llaves de combustible de los otros motores produciendo grandes sacudidas en el avión durante al menos 20 minutos. Acto seguido  se dirigió a  la cabina y allí  encontró un panorama que le produjo un ataque de risa pues después de haber informado el comandante que volvían a  Barajas por estar fallando otros motores la gente se puso a  rezar a  grandes voces e  incluso había quien cantaba villancicos. Visto lo visto el ángel Teodoro abrió la llave del combustible que había cerrado .
Cuando el vuelo de Cancún aterrizó en Barajas eran las 8  de la tarde del día 24 de Diciembre. Todos los pasajeros estaban de acuerdo en que había sido un milagro que estuvieran vivos y  prometían que en veces sucesivas celebrarían la Noche Buena como era debido. El  ángel Teodoro, sin remordimiento ninguno, usó el billete falso de 10 euros para pagar una coca cola en el bar del aeropuerto mientras mascullaba: “Más golfos son ellos con estos precios que ponen”.

Felix Puche

 

LO SIENTO LOPE…¡ES NAVIDAD!

Un cuento me manda hacer Daroca (Angel),
no me he visto en Navidad en tanto aprieto;
Jesús, María y José son su “elemento”,
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara en mi caletre,
la manera de contar la Buena Nueva
con el Niño, los Reyes , la Estrella…
y los pastores adorando ante el Pesebre.

Todo fue así, y en suma, amando,
Dios se hizo niño en Belen. (Quién lo diría,
fin a este verso le voy dando).

Emulando a Lope su soneto,
¡Felices Navidades os deseo!.
Contad si versos son catorce y el encargo ya está hecho.

Alberto Saborido  

 

UNA NAVIDAD DE LUISITO
Transcurren los días previos a la Navidad en uno de los últimos años de la década de los cuarenta. A Luisito sus padres le han enviado a casa del abuelo, a un pueblo de apenas doscientos habitantes de la provincia de Burgos. Tiene sólo ocho años pero sus padres le han montado en el autobús, “la Compe”, diminutivo de la línea de autobuses llamada “La Competencia”. Cuando llega al pueblo ve un grupo de personas que están curioseando a ver quién llega y una cuadrilla de chicos que a Luisito le parece que le miran como a un bicho raro, viene de la ciudad, el hecho de venir de la ciudad supone una barrera que le aísla y le molesta, aunque pudiera parecer que le confería un estatus superior. Un primo, siete años mayor , sale a recogerle y a llevarle a casa del abuelo. Caminan por unas calles llenas de barro y excrementos de ganado, boñigas y cagarrutas; los del pueblo van con almadreñas que Luis no sabe usar. Las calles son lóbregas, una débil bombilla en las esquinas de las calles sirven únicamente de referencia pero no para alumbrar el camino. A los pocos minutos llegan a casa, saluda a su abuelo y sus tíos y primos, sus primos le miran de una forma que a Luisito le cohibe. Después de saludar, su tía Reme le da una rebanada de pan de hogaza untada de manteca de cerdo, ¡qué bueno estaba¡, pan blanco y abundante,  hacía mucho que no comía todo el pan que quería, desde que el abuelo hizo un viaje a Burgos y llevó a casa una hogaza. Enseguida se hizo tarde, y después de que el tío ordeñara las ovejas e ir a la cuadra para hacer las necesidades entre los bueyes y pisando las boñigas, subimos alumbrados por candiles a las gélidas habitaciones, en donde las camas, abultadas por las tumbillas que  las calentaban, nos esperaban; y dando un salto logró meterse en la que le parecía una altísima cama.  
Al día siguiente, después de desayunar unas sopas de leche de cabra que le supieron a gloria, y de abrigarse, pues salvo en la cuadra y en una habitación que llamaban la gloria, hacía por todas partes un frío que pasmaba , se puso a las órdenes de su primo.
Había que llevar a los bueyes y las vacas a la fuente para que bebieran en el pilón y allí fue Luisito con un cachabo para ayudar  su primo cuando en la carretera vieron parado un camión  cargado con sacas grandes como si fueran de paja, y encima de las sacas, con unos pinchos muy largos, vieron a varios guardiaciviles clavando los pinchos en las sacas. Luisito no entendió aquello y cuando volvieron se lo preguntaron a su tío César. Cuando su tío oyó la noticia cambió su gesto y puso un ademán de preocupación, me pareció que hasta el habla se hizo más silencioso y temeroso no sólo en casa, sino que me pareció que ocurría lo mismo en todo el pueblo. Luego escuchando a los mayores, Luisito pudo entender malamente que se trataba de averiguar si dentro de las sacas de paja, camuflados, había otros sacos menores llenos de harina; se trataba de estraperlo, un delito que era muy perseguido sobre todo entre los pobres labradores productores de trigo.
Al mediodía  cayó una nevada. El primo mayor de Luisito comenzó a preparar los cepos para cazar pajarillos. Esperaría al día siguiente para que los pájaros tuvieran más hambre. Cuando las vacas y los bueyes salieron a abrevar e iban dejando su rastro de boñigas sobre la nieve, encima de las mismas boñigas, ligeramente ocultos los cepos por un poco de excremento y de nieve ,Luisito y su primo esperaban a que cayeran los pajarillos atrapados por la trampa. Cayeron bastantes y aquel mismo día los comieron  bien guisados por la tía Remedios.
Nada sugería que aquellos días fuesen días navideños, salvo cuando  dieron los aguinaldos a la gente menuda, unas naranjas que estaban riquísimas. Lindante con la casa del  abuelo de Luisito, vivía el señor Arigimiro que tenía un hijo tonto, era el tonto del pueblo; cuando vio a Luisito con la naranja, le dijo con su lengua de trapo “dame  una tansa que tengo mucho retenso” y a Luisito le dio mucha pena y quiso volver a su casa, aunque tuviera que comer pan negro y no todo lo que quería.
A  la mañana siguiente, vigilia de Navidad, día de ayuno y abstinencia, Luisito salió acompañado por su primo a coger el autobús que le volvería de nuevo a casa de sus padres y con los que celebraría la Noche Buena con el tradicional plato de berza y pollo y acompañado por una riquísima hogaza que el abuelo había escondido dentro del hatillo y que no habían descubierto los de abastos. Era Navidad.

Antonio Pérez               

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