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pagina de enigmas del Castillo de Burgos

EL POZO Y LAS GALERIAS DEL CASTILLO DE BURGOS.

SCHLIEMANN Y EL GENERAL CENTENO.

Así como, a finales del siglo XIX un alemán, Einrich Schliemann, descubrió las ruinas de Troya, evidenciando que Homero en la Ilíada no fabulaba sino que hacía historia. Un sevillano de nacimiento pero burgalés de adopción, el General Centeno Jiménez-Peña, quiso demostrar, que el laberinto que forman las galerías del subsuelo del Castillo, guardaba celosamente un gran tesoro que los franceses habían abandonado en su huída.

Según el Diario de Burgos de fecha 6 de Septiembre de 2009, “La red de galerías subterráneas halladas durante el pasado siglo XX bajo el castillo es realmente impresionante. Destaca el llamado Pozo, una singular construcción de origen medieval (posiblemente siglos XII ó XIII) que consta de un cilindro hueco de más de 60 metros de profundidad con escaleras de acceso hasta el fondo. Junto al Pozo se encuentra la Galería Principal, bautizada como Cueva del Moro, con 60 metros de longitud y un sinuoso recorrido a 10 metros bajo tierra; la Galería de la Carretera, llamada de esta manera porque discurre bajo la vía actual, consta de 13 metros de longitud; la Galería de la Cavidad, a 30 metros bajo tierra, discurre en dirección a San Esteban; por último, en esta obra de ingeniería medieval, destaca la Galería de los bomberos, así bautizada por haber sido este Cuerpo quien lo descubriera y desescombrara; está a 10 metros de profundidad y su trayecto es de 15 metros”.

croquis de galerias y pozos del Castillo

pozo de 60 metros del castilloesquema del pozo y husillos

 

Estas galerías le tenían comido el seso a nuestro general Centeno y, como pudiera haber  dicho Schliemann, ¡aquí fue Troya!. En 1925 envía a la prensa la siguiente nota: “En ese cerro del Castillo, que con tanta indiferencia se le mira, hay oro en cantidad insospechada, y el conocer su volumen ha de causar sensación. A presencia mía se han hecho estudios por cultivadores de las ciencias geofísicas, eminentes prospectores, uno español y tres extranjeros, y los cuatro han coincidido en situación y naturaleza de los cuerpos explorados. Las radiaciones electromagnéticas captadas acusan la existencia de un yacimiento de oro de un metro cúbico aproximadamente.

Poco caso le hicieron, ni el Ayuntamiento ni los burgaleses. Schliemann era rico y, como se vería, con suerte, Centeno no recibió ni una peseta de la Casa Consistorial ni nadie aportó dinero para su causa. A decir  verdad,  ambos debieron ser muy tozudos.

Según Diario de Burgos: “El tesoro del que hablaba Centeno no era baladí. Según él, constaba de unas 400.000 monedas de oro más 200.000 de plata, la lujosa vajilla que perteneció a Pedro I de Castilla, del siglo XIV, así como perlas y diamantes. El obstinado general sostenía que el pozo del Castillo no era la única cavidad horadada en las entrañas del cerro, y que en alguna de esas galerías debieron esconder las tropas napoleónicas el fastuoso botín. Lo cierto es que meses después de iniciar las perforaciones, en mayo de 1929, Diario de Burgos anunciaba con entusiasmo la noticia de la aparición de las galerías y abundaba en los misterios que aguardaban en los sótanos de la fortaleza, alentando la empresa de Centeno”.

La fantasía tiene ya una base y un principio para continuar sus derroteros. Los escalones descubiertos es probable que sigan, ¿hasta dónde? Del final de esta escalera es de suponer que arranque otra galería ¿en qué dirección?, y sobre todo, ¿adónde irá a parar?”

Podríamos pensar que el general Centeno conocía al “loco” Schliemann y, pese a la frialdad de sus contemporáneos, prosiguió con sus trabajos durante diez años. El alemán comenzó sus excavaciones a los veinte años de haberse propuesto, en serio, demostrar la  historicidad de los episodios narrados por Homero. Enfrente tenía a todos los historiadores…

Para Einrich Schliemann todos los triunfos, para el general Centeno, el fracaso y creo yo, la locura. En 1948, veinticinco años después de su primera solicitud al Ayuntamiento, las riquezas que, según él,  atesoraban las galerías subterráneas del Castillo, eran delirantes…: el archivo, con toda la documentación, de la ocupación francesa; los bienes de Pedro I de Castilla; ¡una tumba egipcia!, oro sepultado en dos cámaras romanas y estaño acumulado en otras dos cavidades. El general Centeno llegó a decir que: “…de ser este tesoro hallado, España podría, quizá, convertirse  en el país más solvente de Europa, pudiendo así volver la vida normal y de prosperidad que todos anhelamos”.

Desde mi punto de vista, el general Centeno abrió las puertas a las ilusiones de adultos y niños.¿Cuántos burgaleses no soñaron con derribar el muro que defendía el supuesto tesoro?. ¿Cuántos niños burgaleses no combatirían victoriosos entre corredores misteriosos y voces inexplicables?.

El general Leopoldo Centeno Jiménez-Peña fue más allá que Einrich Sliemannn. Demostró al mundo que de ilusión también se vive…y se muere.  

Alberto Saborido                                                                       Diciembre 2009

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