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pagina del último Conde de Castilla

EL ULTIMO CONDE

García Sánchez, biznieto del legendario conde Fernán González, fue   el último de los legendarios Condes de Castilla. Su existencia fue corta, pues nació el año 1009 y murió el 1029, por eso ha pasado a la historia con el sobrenombre de el Infante. El año 1017, cuando tan sólo contaba ocho años de edad, heredó el condado castellano de su padre, Sancho García, el de los Buenos Fueros, llamado así por el trato de favor que dispensó a los vasallos que le ayudaron en sus bélicas correrías, primero contra su padre, García Fernández, el de “las Manos Blancas” y, tras su fallecimiento, contra su antiguo aliado, el gran caudillo árabe Almanzor, al que, en el verano del 1002, infligió su primera y única derrota en la batalla de Calatañazor, por tierras  sorianas, con la ayuda, eso sí, de sus aliados, el rey de León, Alfonso V y el de Navarra, Sancho III el Mayor:

“E en el lugar que se dize Calatanasor muchos millares de Sarrazines cayeron, et si la noche non cerrara el día, ese Almançor fuera preso. Enpero, en esse dia non fue vençido, mas de noche tomó fuyda con los suyos”.

En realidad, actualmente muchos historiadores ponen en duda que dicha batalla se librara  realmente, y los hechos sobre la misma, reflejados en la “Primera Crónica General de España” que mandó escribir el rey Alfonso X el Sabio, sean más bien producto del espíritu de revancha y de frustración que embargaba los ánimos de los caudillos cristianos, a causa de las continuas derrotas sufridas a manos del caudillo árabe, que a un victorioso enfrentamiento armado. Sea como fuere, lo cierto es que la muerte de Almanzor causó gran júbilo entre los ejércitos cristianos. Con su desaparición el conde Sancho García recuperó para  Castilla el dominio de plazas fronterizas de la línea del Duero tan importantes como Osma, San Esteban de Gormaz, Clunia, Berlanga, Sepúlveda y Peñafiel. Cuando murió, su hijo primogénito, García Sánchez, era un niño de siete años, por lo que su hermana, doña Urraca García, desde su abadía benedictina de San Cosme y San Damián, en Covarrubias, tuvo que encargarse de regir los destinos del condado castellano en una época en que los conflictos políticos con navarros y leoneses estaban a la orden del día.

Pero al joven conde D. García le acechaba un trágico destino. El 13 de mayo del 1029, cuando se disponía a entrar en la iglesia de San Juan Bautista de León para contraer matrimonio con la infanta doña Sancha, hija del rey leonés  Alfonso V, un grupo de hombres armados se abalanzaron sobre él, causándole la muerte a cuchilladas.

El condado de Castilla se quedaba sin heredero, su cuñado, Sancho III el Mayor de Navarra, casado con su hermana doña Muniadona, que acompañaba al joven conde a su casamiento, aprovechó el triste suceso para hacer valer sus derechos, incorporando el condado de su cuñado asesinado a su reino de Navarra.

La muerte violenta de D. García dio paso, inevitablemente, a un sinfín de conjeturas sobre la identidad de sus asesinos y los motivos que les impulsaron a cometer el crimen. Alguna de ellas no tardó en  convertirse en leyenda. Su cuñado D. Sancho enseguida atribuyó la autoría del crimen a la poderosa familia alavesa de los Vela, enemigos de los Lara desde tiempos de Fernán González, dos de cuyos miembros, D. Iñigo y D. Rodrigo, se encontraban el León, acogidos a la hospitalidad del rey, desde que el conde D. Sancho García, padre del asesinado, les expulsara de Castilla por motivos políticos.

Los restos del joven conde recibieron sepultura en el monasterio cluniacense de San Salvador de Oña, junto con los de su padre y fundador D. Sancho García, el de los Buenos Fueros. En el epitafio de su sepultura se acusaba de su muerte a los nobles castellanos D. Gonzalo Muñoz, D. Munio Gustioz y D. Munio Rodríguez, que formaban parte del cortejo que acompañaba al novio a León, y en la “Crónica Najerense” se alude, más o menos veladamente, a D. Sancho III de Navarra, que fue el más favorecido, como el verdadero responsable. De nuevo la verdad histórica se disfraza con ropajes de leyenda.

Castilla pertenecerá a Navarra hasta que a la muerte de Sancho III el Mayor, ocurrida en el 1035, su testamento reparta sus reinos entre sus dos hijos: A su primogénito, García Sánchez III, le dejaría el reino de Navarra, el Condado de Alava y buena parte del Condado de Castilla, que incluía La Bureba, Montes de Oca y Trasmiera, cediendo el resto a su segundo hijo Fernando, que seguía ostentando el título de conde de Castilla, además del de rey de León.

Fernando ISemejante testamento, como era de esperar, no satisfizo las aspiraciones territoriales y políticas de ninguno de los dos hermanos, por lo que el enfrentamiento armado entre ambos no se hizo esperar: el once de setiembre del año 1053, castellano-leoneses y navarros se enfrentaron en la burgalesa Sierra de Atapuerca. Después de una dura batalla, en la que perdió la vida el rey navarro, García Sánchez III “el de Nájera”, los castellano-leoneses, acaudillados por su hermano Fernando, obtuvieron una gran victoria. El vencedor, después de reincorporar a Castilla los territorios que se había anexionado Navarra, se auto proclamó rey de Castilla y León con el nombre de Fernando I de Castilla, cediendo el reino de Navarra a su sobrino Sancho Garcés IV.

De esta forma violenta se culmina el camino emprendido por el legendario conde Fernán González hacia la independencia de Castilla, que de este modo se convierte en el reino más poderoso de la Península Ibérica.

 

 

Paco Blanco

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