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página de los Trastámara al poder-Enrique II

LOS TRASTAMARA AL PODER
Indudablemente la dinastía Trastamara fue una rama bastarda de la Casa de Borgoña, cuya raíz se encuentra en la extraordinaria fertilidad de doña Leonor de Guzmán, dama sevillana de alta alcurnia, concubina de Alfonso XI, también conocida como “La Favorita”, que llegó a eclipsar la figura de la reina legítima, doña María de Portugal, durante los veintiún años que duraron sus ilícitas relaciones. La portuguesa sólo había proporcionado al rey dos vástagos, Fernando, nacido en 1332 y muerto antes de cumplir un año, y Pedro, nacido el 1334 en Burgos, heredero legítimo de la corona y futuro rey de Castilla con el nombre de Pedro I “El Cruel”.

escudo de la Casa Borgoñaescudo de la Casa Trastámara

Leonor GuzmánLos bastardos de doña Leonor, nueve varones y una hembra, fueron encumbrados por su padre, el rey, y colmados de honores, llegando algunos de ellos a ocupar altos cargos en las más altas instancias del reino.
Los tres primeros, Pedro, Juana y Sancho no alcanzaron la mayoría de edad, aunque ya se les concedió los señoríos de Aguilar, Trastamara y Ledesma, respectivamente. El cuarto parto de doña Leonor, ocurrido en Sevilla el 13 de enero de 1333, fue doble, pues dio a luz a los gemelos Enrique y Fadrique; el primero se convirtió en el jefe de la familia y antes de llegar al trono fue Señor de Noreña, de Lemos y de Sarria, en Galicia, y  el primer conde de Trastamara, iniciador de la dinastía; a su muerte, ocurrida en Santo Domingo de la Calzada el 29 de mayo de 1379, ostentaba además los títulos de  rey de Castilla, Toledo, León, Galicia, Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén, el Algarve y Señor de Molina. Para ser un hijo ilegítimo no creo que se pueda pedir más. Su hermano gemelo D. Fadrique, fue nombrado Señor de Haro y Maestre de la Orden de Santiago. Murió asesinado por su hermanastro Pedro en el Alcázar de Sevilla, el 29 de mayo de 1358. Del sexto hijo, Fernando, apenas se conocen datos biográficos. D. Tello, el séptimo, nacido igualmente en Sevilla el año 1337, fue Señor de Aguilar de Campoo y conde de Vizcaya. En séptimo lugar nació D. Juan, Señor de Badajoz y de Jerez, igualmente asesinado por su hermanastro cuando sólo contaba dieciocho años de edad. El octavo y último parto de “La Favorita” también fue doble, pues alumbró a los gemelos Sancho y Pedro; el nacimiento, como en tantas ocasiones anteriores, tuvo lugar en Sevilla el 1345. D. Sancho fue conde de Albuquerque y murió el 19 de marzo de 1374, en la ciudad de Burgos, durante  el transcurso de una pelea callejera. D. Pedro fue otra de las víctimas de la furia asesina de su hermanastro Pedro, que ordenó su muerte cuando tan sólo contaba 14 años.
En el 1350, al morir D. Alfonso XI a causa de la peste mientras ponía sitio  la plaza de Gibraltar, doña Leonor y su numerosa prole  intentaron negociar con la reina viuda y su hijo, el nuevo rey, su permanencia pacífica en la corte, pero los desprecios y humillaciones sufridos por éstos mientras ”La Favorita” se comportaba como la verdadera reina, repartiendo riquezas y privilegios entre sus hijos y familiares, habían hecho germinar la semilla del odio y de la venganza en sus corazones.
La grave  enfermedad que afectó  al joven rey apenas  sentado en su trono y el peligro que todavía representaba la reciente epidemia de peste, hizo prever lo peor y el reino se dividió en torno a su sucesión, propiciando la aparición de diferentes candidaturas. El rey superó la enfermedad, pero las banderías ya estaban creadas. 
En el 1351, al poco de enviudar, la reina, doña María de Portugal, mandó asesinar a su rival, doña Leonor, prisionera por orden suya en el castillo de Talavera de la Reina; con este crimen de Estado se encendía la mecha de un nuevo enfrentamiento civil en Castilla.
Las primeras revueltas, provocadas por el asesinato en Burgos del Adelantado Mayor de Castilla, D. Garcilaso de la Vega, partidario de los derechos del Señor de Vizcaya, D. Juan Núñez de Lara, descendiente del infante D. Fernando de la Cerda, fueron sofocadas por el mayordomo del rey, el portugués D. Juan Alfonso de Alburquerque; mientras que sus hermanos bastardos  fueron dispersándose por los reinos de Castilla, Aragón y Francia, buscando alianzas y protección. Controlada la candidatura del de Lara mediante pactos y concesiones mutuas, sólo quedaron dos bandos en liza, el del rey y sus partidarios, que defendían la opción legítima, y la de los bastardos, enemigos irreconciliables de su hermanastro, que aspiraban a derrocarle y sustituirle por su cabecilla, D. Enrique de Trastamara.
La guerra se iba a prolongar durante más de diecisiete años, durante los cuales las alternativas, favorables o desfavorables, se fueron sucediendo para ambos bandos, dependiendo, en la mayoría de las ocasiones, del poder de las alianzas que cada uno hubiera sido capaz de conseguir, tal era el equilibrio que existía entre los dos contendientes.
Pedro IEn un principio el desarrollo de las hostilidades no le fue muy favorable al rey D. Pedro, que vio como muchas de las ciudades castellanas que le eran leales se le volvían en contra, por culpa de la lamentable conducta que mantuvo con su reciente y joven esposa, doña Blanca de Borbón, a la que abandonó al tercer día de sus esponsales, enviándola prisionera al castillo de Medina del Campo primero, al de Arévalo después para, en último lugar, confinarla en el alcázar de Toledo, en donde la mantuvo hasta que la mandó asesinar. Llegaron, incluso, a apoderarse de la persona del rey en la ciudad de Toro, en la que estuvo prisionero, teniendo  que soportar vejaciones y malos tratos por parte de los nobles conjurados que le habían apresado. Esta humillación hizo  que se incrementara su furia vengativa y asesina, desatada en cuanto fue puesto en libertad el año 1355. La sombra del terror empezó a planear por toda Castilla.
El rey castellano Pedro I recabó y obtuvo la colaboración de su tío y homónimo Pedro I de Portugal, hermano de su madre, igualmente conocido como “El Cruel” y “El Justiciero” (es de suponer que ambos acumularon hazañas muy similares para merecer dichos apelativos), ambos Pedros consiguieron también la ayuda de los ingleses, recientes vencedores de los franceses en la batalla de Poitiers, dentro del marco de la guerra de los “Cien Años”. Esta alianza animó al rey castellano a emprender una campaña de castigo contra el tercer rey homónimo, Pedro IV de Aragón (aunque a éste se le conoce como “El Ceremonioso”), que había dado cobijo en su corte al bastardo D. Enrique de Trastamara, al que también apoyaba en sus aspiraciones al trono de Castilla.
La “Guerra de los dos Pedros”, como se la conoce, prácticamente acabó en tablas; cabe destacar, como hecho histórico militar, la primera intervención en combate de la recién creada flota castellana, integrada por 31 galeras, 80 naos y otras naves auxiliares de menor calado, aunque eso sí, al mando de los genoveses Ambrosio y Bartolomé Bocanegra. El resultado de esta guerra fue la firma por tierras sorianas, en el año 1361, de la ”Paz de Terrer” entre Castilla y Aragón, que  significaba, entre otras cosas, el cese del apoyo del rey aragonés a las aspiraciones de los Trastamara y los nobles que le seguían. El despechado hermanastro, seguido de sus partidarios, tomó el camino de Francia en busca de nuevos apoyos. Pero los acontecimientos posteriores, con algún asesinato de por medio, dieron al traste con el tratado de paz, que se convirtió en una simple tregua de corta duración.
rendicion de Burgos a Beltran DuguesclinEn los comienzos del año 1366, D. Enrique, que con el apoyo del rey de Francia había conseguido reorganizar sus fuerzas, invade Castilla al frente de las famosas Compañías del mercenario Beltrán Duguesclin, encontrándose con la inesperada adhesión a su causa de numerosas ciudades y nobles que desertaron de las filas del rey legítimo, quien se hallaba fortificado en Burgos. Incomprensiblemente, D. Pedro, tal vez impresionado por el número los desertores que se iban incorporando a su enemigo, optó por abandonar la ciudad y dirigirse a Sevilla, ciudad en la que siempre se sintió muy cómodo y donde reposaban los restos de  su favorita y concubina, la noble de origen burgalés doña María de Padilla, a la que había hecho coronar después de muerta.
El Trastamara, seguido de sus mercenarios y de los nuevos seguidores que se le iban uniendo, hizo su entrada triunfal en la ciudad de Burgos, en la que fue recibido “muy de grado por su rey e por su señor”. En el mes de abril sehace coronar solemnemente como rey “cum multa gloria” en el Monasterio de las Huelgas.

Pero el todavía rey legítimo no permaneció mucho tiempo en Sevilla. Viajó primero a Portugal, para renovar las viejas alianzas, y después se embarcó para el sur de Francia para entrevistarse en Libourne con el príncipe de Gales, Eduardo, el vencedor de Poitiers, más conocido como el “Principe Negro”. Como consecuencia de esta entrevista, en los primeros días del año 1367 D. Pedro, acompañado por el “Príncipe Negro” y su bien preparado ejército, cruzan los Piríneos dirigiéndose al encuentro del usurpador, a esta expedición se unen las tropas prestadas por el rey Carlos II de Navarra, que también había tomado parte en las negociaciones.
batalla de NájeraEl encuentro entre ambos bandos se produjo cerca de la ciudad de Nájera, el día 3 de abril, saliendo derrotado el pretendiente D. Enrique, que tuvo que salir huyendo de nuevo hacia Francia. De este modo concluye lo que se conoce como el “primer reinado” de Enrique de Trastamara.
Pero la terrible e implacable represión que llevó a cabo el rey después de su victoria, a lo que hay que añadir el incumplimiento de las promesas que le había hecho al príncipe inglés en su acuerdo de Libourne, hizo que éste abandonara a su aliado, volviéndose a Aquitania por donde había venido. La crueldad de D. Pedro y su afán de venganza volvían a dejarle sólo. En las Cortes que se celebraron en Burgos durante ese mismo año se aludió expresamente a su persona como “Aquel malo tirano que se llamava rey”, acusándole ademásde “los grandes pechos e tributos que les hazía pagar”, quedando patente el descontento que su tiranía estaba causando entre sus súbditos.
La fase final de la guerra no tardó en desencadenarse; en Castilla cada vez eran más las ciudades y los miembros de la nobleza descontentos con su rey, que no verían demasiado mal su sustitución por el ilegítimo D. Enrique. Este, por su parte, desde su refugio francés, manejó muy hábilmente su propaganda contra el monarca, al que acusaba, no sin motivo, de tirano, llegando a generar en torno a su persona y origen la leyenda de los “emperogilados”, en la que se afirmaba que D. Pedro no era hijo de Alfonso XI, sino de un judío llamado Pero Gil y que se hizo un trueque en la cuna, cambiándolo por la niña que en realidad había nacido; por lo tanto, al no haber heredero varón los derechos al trono pasaban a su persona. Otro aspecto que manejó muy hábilmente contra su hermanastro fue su supuesta colaboración con los enemigos de la Fe cristiana, es decir: judíos y musulmanes. En un documento que hizo llegar al concejo de Covarrubias, en el mes de abril de 1366 afirma que el rey D. Pedro era "enemigo de Dios e de la su Sancta Madre Eglesia, acreçentando e enrequeçiendo los moros e los iudíos e enseñoreándolos”. En el ámbito político y militar, a cambio de numerosas concesiones,  consiguió recuperar la confianza y la ayuda del rey de Francia, de modo que a comienzos del año 1369 penetró de nuevo en Castilla, acompañado de nuevo por Beltrán Duguesclin y su ejército de mercenarios.
batalla de MontielEsta vez la suerte de las armas se volvió en contra del rey legítimo, que fue derrotado en la batalla de Montiel el 14 de marzo de ese mismo año. D. Pedro consiguió refugiarse en el castillo de Montiel y desde allí intentó negociar con Duguesclin, al que trató sobornar ofreciéndole tierras y dinero por pasarse a su bando, pero el francés, simulando aceptar su ofrecimiento, le tendió una trampa, atrayéndole hasta la misma tienda de su hermanastro, que le esperaba bien armado y rodeado de sus fieles caballeros. El último monarca de la Casa de Borgoña moría apuñalado a manos de su hermano bastardo y sus secuaces la noche del 22 de marzo de 1369, la “Revolución Trastamara” había conseguido sus objetivos: eliminar al rey legítimo y poner en su lugar al conde D. Enrique. Los partidarios de D. Pedro, que aun defendían la línea legítima de sucesión, no pudieron impedir que una nueva dinastía, la Trastamara, ocupara el trono de Castilla hasta el siglo XVI, en el que llegaron los Austrias.
coronación de Enrique IIEl nuevo rey de Castilla, conocido como Enrique II “El de las Mercedes”, por los muchos privilegios y concesiones que tuvo que repartir o prometer para aumentar el número de sus partidarios (la noble familia burgalesa de los Velasco, por ejemplo, fue premiada con las villas de Briviesca y Medina de Pomar), reinó durante diez años, siguiendo la política de centralización del poder real iniciada por Alfonso X “el Sabio”, creando instituciones tan importantes como la Real Audiencia y la Real Cancillería, similares a los ministerios de Justicia y de Hacienda de nuestros tiempos. También prestó su apoyo a la poderosa institución ganadera de la Mesta, reforzando sus privilegios. Igualmente  impulsó la reunión de las Cortes, convocándolas en numerosas ocasiones. En la ciudad de Burgos tuvieron lugar las de 1372, 1373 y 1377.

 

 

Paco Blanco

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