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pagina excursión de Quintanar de la Sierra a Salas de los Infantes

POR LA CUENCA DEL ARLANZA: DE QUINTANAR DE LA SIERRA A SALAS DE LOS INFANTES

En la extensa cuenca fluvial burgalesa los buenos aficionados a la pesca tienen oportunidad de capturar un número muy elevado de especies piscícolas, tales como el barbo, la trucha y la carpa, tal vez las más abundantes, pero también puede encontrar lucios, bogas, cachos, lucioperlas, tencas y alguna más, aunque la más apreciada de todas ellas, tanto desde el punto de vista de la gastronomía como del arte de la pesca, es sin duda la trucha. Casi se podría afirmar, con poco margen de error, que ir a pescar a los ríos de Burgos es ir a pescar truchas.

trucha irisLa que más frecuentemente se encuentra es la trucha común o “salmo trutta”, de la familia de los salmónidos, de 20 a 50 cm. de longitud y dos o tres kg. de peso, aunque algunos raros ejemplares pueden llegar a medir 1 m. y pesar 10 Kg. Se caracterizan por las manchas redondas negras y coloradas que cubren su  piel; las más apreciadas son las asalmonadas, de carne rosácea semejante a la del salmón. La variedad llamada “arco iris” es de mayor tamaño, aunque generalmente proceden de piscifactorías.

 

 

moscas para pesca de truchaLa pesca de la trucha, para los auténticos pescadores, se convierte en un desafío en el que se ha de hacer alarde de técnica, habilidad, astucia, paciencia y buen temple, y aún y con todo, a veces es tan esquiva que hay que abandonar el río sin haber cobrado pieza. Las técnicas para su captura son igualmente variadas, siendo las más interesantes las llamadas dinámicas, es decir aquellas en las que el pescador va persiguiendo su presa en lugar de esperar a que esta caiga cándidamente. Son destacables la pesca al tiento, con lombriz; la pesca a lance ligero, con cucharilla y la pesca a mosca, con sedal pesado o cola de  rata.

pescando truchasIgualmente, a la hora de elegir el sitio, nuestra provincia presenta unas alternativas difíciles de superar. Prácticamente  todas las cuencas que atraviesan nuestra provincia ofrecen un gran atractivo para los pescadores. El gran novelista vallisoletano, Miguel Delibes, también famoso por su faceta de cazador y pescador, las ha visitado con frecuencia.

Pero, de entre todas ellas, para esta ocasión hemos elegido la del Arlanza, que nos va a permitir disfrutar de la pesca y de muchas cosas más, desde su nacimiento en el Sistema Ibérico hasta que se une con otro río netamente burgalés, el Arlanzón, en las vecinas tierras palentinas

plano de Quintanar a Salas

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Sanza, nacimiento rió ArlanzaNace el Arlanza en la Sierra de la Demanda, por su vertiente sur, muy cerca del pintoresco pueblo de Quintanar de la Sierra, a mil y pico metros de altitud, completamente rodeado de robustos y altísimos pinos, en el que aire se vuelve tan transparente como el más puro cristal de Bohemia.

 

 

 

 

En este pueblo serrano, que en la temporada de verano se llena de turistas ávidos de respirar el aire puro de sus pinares, además de las inevitables y sabrosas truchas con jamón, se puede saborear un chorizo casero de una calidad extraordinaria. Puede convertirse en un placer difícil de olvidar coger con una mano un buen pedazo de pan blanco, con la otra un buen trozo de chorizo y, de forma alternativa, dirigir ambas hacia la boca. Una mano se nos manchará de harina, la otra de pimentón, pero nuestro paladar y nuestro estómago quedarán eternamente agradecidos. Se ha de tomar la precaución de tener a nuestro alcance un plato y un porrón bien colmado de clarete de la ribera, el plato para dejar de vez en cuando lo que tengamos en la diestra y el porrón para empinarle, dejando caer sobre nuestro gaznate un buen trago del saltarín vino, que estimulará nuestros jugos gástricos. De esta forma duplicaremos el placer.

Quintanar de la Sierra, panorámicaPrácticamente cada vecino cría uno o más chones que sacrifican  cuando llega la época de la matanza. Antiguamente se efectuaba en las mismas calles del pueblo, que se llenaban de hogueras y de olor a carne chamuscada, mientras en el ambiente dominaban los indecorosos chillidos de los marranos que, al parecer, no estaban muy conformes en ser degollados allí, delante de todo el mundo. Todo ello formaba un impresionante conjunto que ofrecía a los espectadores pasivos, yo tuve ocasión de serlo, un espectáculo de un colorido y una fuerza  indescriptibles. Con la carne de la matanza elaboran esos extraordinarios chorizos; también elaboran excelentes jamones serranos, aunque, a mi juicio, quedan lejos del chorizo; hermosos tocinos; sabrosísimo picadillo y unas lustrosas morcillas, de sangre, cebolla y manteca, a las que, curiosamente, las añaden una porción de azúcar que las confiere una consistencia de embutido y, por añadidura, un sabor ligeramente dulce, proporcionándolas un gusto muy peculiar. Tampoco se puede desdeñar probar la carrillada de cerdo al horno, o la delicada carne de vacuno, en especial la de ternera.

Otra de las peculiaridades de este pueblo es la afición por el juego de pelota a mano de sus vecinos, (los vascos lo llaman de pelota vasca, pero se podría discutir sobre su origen). Si el tiempo lo permite, cosa que ocurre con frecuencia, el frontón al aire libre, (no sé si en la actualidad está cubierto), está siempre muy concurrido, y cuando llegan las fiestas patronales por San Cristóbal, en el mes de julio, se organizan grandes partidos a mano y por parejas, con la participación de destacados “pelotaris”, y en los que no faltan las apuestas entre los espectadores, que suelen acudir en gran número. Además, numerosas peñas recorren las calles con sus charangas, propiciando un ambiente animado, bullicioso y festivo. En mis tiempos de veraneante las figuras locales del frontón eran los Pascual, tío y sobrino, que llegaron a ser campeones de España en la categoría de aficionados. Yo hice mis pinitos con el sobrino, buen amigo mío, jugando de delantero, pero sin mayor trascendencia. En la actualidad el pelotari más destacado es un tal Raimundo Blanco, con quién, que yo sepa, no me une ningún parentesco.

Siguiendo el curso del río, a muy pocos kilómetros de Quintanar, también rodeado de pinares, nos encontramos con el pueblo de Vilviestre del Pinar, un buen lugar para la pesca, tanto de la trucha como  del cangrejo, que normalmente se realiza colocando los reteles en los márgenes de los ríos o los arroyos, donde suelen excavar sus guaridas. Este rico crustáceo fluvial, otrora muy abundante en todas las cuencas fluviales burgalesas, ocupa, por méritos propios, uno de los lugares más prominentes de la gastronomía burgalesa.

Iglesia de Vilviestre del Pinarcangrejo de río autóctono

Recuerdo una copiosa y larga comida veraniega en el molino del pueblo, en la que además de la caldereta de cordero, (en realidad se prepara con carnero, también conocido como macaco), los chorizos, los jamones y las truchas, los cangrejos pasaban directamente de los reteles a la cazuela. Eran tan numerosos que muchos se escapaban y se paseaban tranquilamente, marcha atrás, mientras los comensales dábamos buena cuenta de los que ya estaban guisados.

el Cura MerinoEn este pueblo, además de las truchas, los cangrejos y los productos del cerdo, se pueden encontrar vestigios de civilizaciones y culturas muy antiguas. Los romanos, por ejemplo, para no retroceder demasiado, hicieron pasar por sus tierras la famosa ruta de Escipión, que unía la ciudad romana de Clunia con la vecina Rioja, atravesando la Sierra. Esta calzada romana, que el general romano utilizó para dirigirse contra la rebelde Numancia, al frente de 60.000 soldados, todavía es utilizada actualmente por los arrieros y madereros de la comarca. También el cura Merino, famoso guerrillero de la Guerra de la Independencia,  anduvo por estas tierras hostigando a los soldados franceses, que andaban tras sus talones.

 

 

 

Los Siete Infantes de Lara Pero lo que más fama le ha dado han sido los hechos acaecidos allá por las postrimerías del siglo X, con el condado de Castilla en plena expansión, que dieron origen a la conocida leyenda de “Los siete infantes de Lara”, o de Salas, como también se la conoció hasta muy entrado el siglo XIX.

Todo empezó con la boda del señor de Vilviestre, el infanzón D. Ruy Velázquez, (o Blazquez), con Doña Lambra de Bureba, prima del conde de Castilla, Garci I Fernández, el de las “Manos Blancas”. Lo cierto es que las fiestas de los esponsales, celebrados en Burgos con gran fasto y asistencia de numerosos ilustres invitados, acabaron como el rosario de aurora, con muerto incluido. A partir de aquí, como en las grandes tragedias griegas, se desató el odio, la venganza y la violencia entre ambas familias, acabando muchos de sus miembros, incluidos los siete infantes, pasados por las armas por sus propios parientes. 

Pero como no es mi intención volver a contar una leyenda tan conocida y cantada en prosa y en verso, vamos a seguir por la cuenca del río y llegarnos hasta  otra población histórica, Salas de los Infantes, fundada por el mismo conde de las “Manos Blancas”, Garci I Fernández y recibiendo los fueros de asentamiento en el año  974, de manos de D. Gonzalo Gustioz, señor de Lara y padre de los siete infantes de la leyenda. Muy posteriormente, en 1925, (casi en nuestros días), S. M. D. Alfonso XIII de Borbón, la concedió el titulo de ciudad, como bien consta en los carteles que anuncian su ubicación.

Esta ciudad, de apenas 2.500 habitantes, puede considerarse como un enclave de caminos, (incluida la ruta de Escipión), que la convierte en el centro de la actividad económica, comercial, cultural y humana de la comarca de pinares. La industria maderera y la chacinera, junto con un buen numero de comercios, constituyen sus actividades más importantes, sin olvidarnos del turismo, que durante los meses de verano llega en gran número, dispersándose  por sus contornos para disfrutar de un extraordinario clima y una excelente gastronomía. Los aficionados a la montaña, la pesca o el senderismo podrán disfrutar a sus anchas por sus numerosos y  atractivos parajes.  

El Arlanza a su paso por Salas Iglesia de Salas

Como por toda la comarca de pinares, en Salas también existe gran afición por el juego de pelota, que aquí se practica en el frontón municipal, totalmente cubierto, en el que por sus fiestas patronales de la Virgen de agosto y San Roque, se celebran grandes competiciones.

También abundan en Salas huellas y restos de gran importancia paleontológica, pues parece ser que hace unos cuantos miles de años por estas tierras campaba por sus respetos una colonia de traviesos y enormes dinosaurios. Igualmente, se pueden encontrar vestigios del paso de  celtas, romanos y visigodos. Todo ello se halla reunido y expuesto en un moderno Museo Arqueológico, al alcance de todo aquél que sienta interés por el pasado.

Dinosaurios en  SalasNecrópolis

En cuanto a los alicientes gastronómicos, como en toda zona de pinares, destacan los productos del cerdo, frescos o embutidos; la carne de bovino y ovino, las truchas, los cangrejos, las setas..... También elaboran, aunque no en grandes cantidades, un excelente queso curado de oveja y unas hogazas de pan blanco que, por sí solas, dan realce a una mesa. En cuanto al vino, no hay que complicarse la vida, clarete de la ribera, (es igual que sea del Duero o del Arlanza), joven y fresco.

Personalmente recuerdo haber estado de fonda durante una estancia de dos o tres meses en esta ciudad, por motivos de trabajo, y puedo asegurar que quedé plenamente satisfecho de cómo fui tratado. Tanto que, durante muchos años, en mi mes de vacaciones nunca dejé de pasar unos días por estas tierras de los pinares, tan atractivas.

Paco Blanco

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