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Pagina de Lain Calvo y Nuño Rasura Jueces de Castilla

LAIN Y NUÑO: DOS JUECES CASTELLANOS

“Et los Castellanos que vivian en las montañas de Castiella, faciales muy grave de yr à Leon porque era muy luengo, è el camino era luengo, è avian de yr por las montañas, è quando allà llegavan asoverviavan los Leoneses, è por esta raçon ordenaron dos omes buenos entre si los quales fueron estos Muño Rasuella, è Laín Calvo, è estos que aviniesen los pleytos porque non oviesen de yr à Leon, que ellos no podian poner Jueçes sin mandado del Rey de Leon. Et ese Muño Rasuella era natural de Catalueña, è Laín Calvo de Burgos, è usaron así fasta el tiempo del Conde Ferrant Gonçalvez que fue nieto de Nuño Rasuella. Por qual raçon los fijosdalgo de Castiella tomaron el fuero de Albedrío”.
El rey astur Alfonso I “el Católico”, comienza a reinar en el año 739, ampliando los primitivos territorios del reino de Asturias con los heredados de su  padre, el duque Pedro de Cantabria, que incluían Cangas de Onís, Liébana, Trasmiera, Sopuerta, Carranza y Bardulia (primitiva Castilla), con lo que sus fronteras meridionales quedaban fijadas por el margen derecho del río Ebro hasta la frontera con el reino de Pamplona. Al mismo tiempo, en los reinos de Al-Andalus se está produciendo un enfrentamiento civil entre árabes y bereberes, que acabará con la retirada de éstos últimos hacia el norte de Africa, abandonando sus dominios del norte de la Meseta.
El nuevo rey decide aprovechar semejante oportunidad de debilitamiento musulmán para reforzar y consolidar sus fronteras y fortalecer su reino, dotándole de una estructura muy similar al de los visigodos. Para ello, en compañía de su hermano Fruela, asoló y despobló un extenso territorio de la cuenca del Duero, conocido como “los Campos Góticos”, eliminando los núcleos de población musulmana y llevándose a los habitantes cristianos o mozárabes hacia sus villas y ciudades del norte.

Con esta acción se creaba una vasta franja fronteriza, prácticamente despoblada, entre las líneas divisorias de los reinos árabes y cristianos.
Mapa de la Península Ibérica en Siglo IXEsta tierra de nadie, aunque muy lentamente, empezó a repoblarse durante los siglos IX y X, especialmente durante el reinado de Alfonso III el Magno. Esta repoblación se desarrolla en tres etapas sucesivas que empiezan con la ocupación del territorio, continúan con el levantamiento de una línea defensiva, finalizando con la puesta en cultivo de los campos por el sistema de  “pressura”, o adquisición de la propiedad mediante la roturación de las tierras o “scalio”, para hacerlas productivas. También dieron lugar a la aparición de núcleos urbanos de población, como Toro, Zamora, Burgos, Ubierna, Castrojeriz, Dueñas, Simancas......

Los reyes astur-leoneses dieron su beneplácito a esta repoblación, que suponía la creación de una línea de torres fortificadas que, además de adelantar sus fronteras, servían de vigía y defensa contra las frecuentes “aceifas” árabes, incrementadas notablemente en tiempos de Abderramán III.

Los nuevos pobladores, curiosamente, procedían mayoritariamente  de las zonas occidentales de las montañas cántabras y vasconas, aunque también llegaron familias mozárabes procedentes de la España musulmana. Los primeros, también conocidos como los “foramontanos”, eran gentes muy poco romanizadas y escasamente influidas por la cultura visigótica imperante en los reinos astur-leoneses, que preferían seguir respetando sus ancestrales costumbres o las decisiones de hombres justos, nombrados por ellos mismos, a someterse a la ley de sus señores leoneses, representada por el “Liber judicorum” visigótico.
Esta característica, evidentemente diferencial, es lo que da lugar a la aparición de las behetrías castellanas, impensables e inasumibles para los visigodos de León y Asturias, y las que marcan una nueva concepción de la sociedad medieval en todos los órdenes.

Así, para resolver sus pleitos sin tener que acudir a la jurisdicción de la corte astur-leonesa, los castellanos, de común acuerdo, decidieron quemar públicamente el “Fuero Juzgo Visigótico”, vigente en todos los restos territoriales de la época visigótica, incluidos los francos, sustituyéndole por el “Fuero del Albedrío”, que acabaría convirtiéndose en el derecho común de los españoles.
                                   “Todos los castellanos a una se concertaron,
                                     dos hombres de valía por alcaldes alzaron;
                                     los pueblos castellanos por ellos se guiaron;
                                     sin nombrar ningún rey largo tiempo duraron” (Poema de F. G.)
Como administradores de dichos fueros eligieron, entre sus personajes más notables, dos jueces o magistrados, uno civil y otro militar: la magistratura civil recayó sobre Nuño Rasura y la militar sobre Laín Calvo, siendo conocidas sus sentencias como “Fazañas”. También se eligieron numerosos alcaldes.

Esto sucedía en la localidad burgalesa de Bisjueces, a unos cinco kilómetros de Villarcayo, en un paraje conocido como Fuente Zapata, el año 842, recién comenzado el reinado de Ramiro I de León. Actualmente, en esta pequeña localidad se puede admirar una artística iglesia del siglo XVI, atribuida nada menos que al burgalés Juan de Vallejo y Simón de Colonia. En su bellísimo pórtico plateresco se contemplan las estatuas sedentes de los dos jueces, acompañadas de otros tres condes castellanos.

Iglesia de BisjuecesPórtico de la Iglesia de Bisjueces

Lain Calvo en Iglesia de BisjuecesNuño Rasura en la Iglesia de Bisjueces
Las figuras de los dos jueces castellanos, absolutamente históricas por una parte, se han convertido, por otra, en legendarias, tal vez por el significado que su nombramiento representa en la posterior evolución del medievo español, encorsetado hasta entonces en las arcaicas estructuras que los romanos habían legado a los godos, cuya decadencia era evidente bastante antes de que los árabes entraran en España, y que éstos aprovecharon muy bien para su rápida expansión. Consecuentemente, trazar una biografía de ambos personajes, enclavada exclusivamente en la historia, es una tarea que está fuera del objetivo del presente trabajo, que sólo pretende resaltar alguno de sus hechos más notables, aunque sean legendarios:

Nuño Núñez Rasura era Conde y Señor de Amaya (ó Amaia), donde había nacido hacia el año 789. Era hijo único de Diego Rodríguez, segundo conde de Castilla, que  le proporcionó una esmerada educación.
Amaya, antiguo campamento militar del emperador Augusto en su lucha contra los cántabros, se convirtió en el año 680, en tiempos del rey godo Ervigio, en la capital del Ducado de Cantabria y posteriormente, hacia el 744, el rey asturiano, Alfonso I, se la mandó repoblar a  su abuelo Rodrigo, primer conde de Castilla. En el 824 concedió carta de población a la villa palentina de Brañosera, en la que se habían refugiado numerosos “foramontanos” procedentes de las montañas de Cantabria, mediante  la promulgación del famoso “Fuero de Brañosera”, que constituye, sin duda, la fuente que utilizó Nuño Rasura, cuando fue elegido juez, para confeccionar el “Fuero del Albedrío”, que independizó jurídicamente a Castilla de León.
"Villas y castillos tengo, todos a mi mandar son; dellos me dejó mi padre, dellos me ganara yo. Los que me dejó mi padre poblelos de ricos hombres, los que yo me hube ganado poblelos de labradores. Quien no había más que un buey, dable otro que eran dos; el que casaba su hija le daba yo rico don; Cada día que amance por mí hacen oración..."   (Poema de F.G.)

El legendario Juez probablemente murió en Burgos, hacia el año 862, a una edad muy avanzada para aquellos tiempos. En la fachada de la puerta de Santa María, de dicha ciudad, se encuentra una estatua del conde con la siguiente inscripción: “Nunio Rasura civi sapientis. Civitatis Clipeo”.

Sobre el otro juez, Laín Calvo, encargado de los asuntos de la guerra, se conocen pocos datos biográficos, aunque genealógicamente se le tiene por yerno de Nuño Rasura y antepasado directo de Diego Laínez y Rodrigo Díaz, el Cid Campeador. Algunos cronistas apuntan que pudo nacer en la localidad burgalesa de Villalaín, perteneciente al Alfoz de Villacaryo, donde se alza el monolito de “Fuentezapata”, lugar en el que, según la leyenda, se encontraba el estrado donde los recién nombrados jueces dictaban sus sentencias, pero lo más probable es que fuera una de sus fundaciones. También algunos cronistas afirman que era un personaje de fuerte carácter y temperamento combativo, más aficionado a las acciones militares que  a las disquisiciones jurídicas. Igualmente se ignora la fecha exacta de su muerte, pero, si se acepta  la leyenda, está enterrado en la ermita románica de Santa María del Torrentero, perteneciente a la misma localidad de Villalaín. Su estatua, junto a la de Nuño Rasura y Diego Rodríguez Porcelos, se encuentra en la fachada de la puerta de Santa María de la capital burgalesa. En la Sala Capitular de dicha torre, donde durante muchos años se reunía el concejo de la ciudad, se puede apreciar una pintura en la que aparecen los dos jueces departiendo sobre los asuntos de su competencia.

Mural en el Arco de Santa María con los Jueces de Castilla Lain Calvo y Nuño Rasura

Un hecho militar, desfavorable para los reinos cristianos, marca el comienzo de  la rebeldía civil y militar de los condes castellanos contra sus señores, los reyes de León, y su imparable marcha hacia la total independencia: El poderoso califa de Córdoba, Abderramán III, a la cabeza de un formidable ejército, organizó una expedición militar que salió de Córdoba el 4 de julio del 920, con el objetivo de destruir y saquear el reino de Pamplona, tomando rápidamente la plaza de Calahorra.El rey de Navarra, Sancho Garcés I, se había refugiado en Arnedo, esperando los refuerzos de leoneses y castellanos. El rey de León, Ordoño II, llegó con sus tropas, pero los condes castellanos no dieron señales de vida, por lo que las fuerzas de la coalición cristiana quedaron bastante mermadas y en clara desventaja ante el enemigo. El primer enfrentamiento entre ambos bandos tuvo lugar en la localidad riojana de Viguera, donde los cristianos salieron derrotados; pero el total descalabro lo sufrieron al intentar cortar el paso de las tropas de Abderramán hacia Pamplona. El encuentro se produjo el 26 de julio del 920 en el valle de Junquera, a unos veinticinco kilómetros al sur de Pamplona, quedando diezmadas las huestes de los reyes cristianos, que tuvieron que emprender la fuga, de nuevo en dirección a Viguera, en cuya fortaleza se refugiaron, pero no pudieron aguantar al acoso musulmán, que la arrasó, pasando a cuchillo a los escasos supervivientes.

El Rey Ordoño II de LeónEl rey Ordoño culpó de este desastre militar a los condes castellanos que le negaron su ayuda, sin duda porque veían con recelo la potencia militar que empezaba a alcanzar el joven reino navarro y sus ganas de expansión a costa de sus territorios fronterizos. Los condes tachados de desertores fueron: Nuño Fernández, tío de Fernán González, de la familia de los Lara; Fernando Ansúrez, de la familia de los Ansúrez y Munio Gómez, de la familia palentina de los Banu Gómez (algunos cronistas sustituyen a éste último por el conde Rodrigo Díaz, aunque es poco probable que así fuera).

De nuevo la leyenda vuelve a hacer su intromisión en los acontecimientos siguientes, pues nos cuenta que el rey Ordoño II, deseando vengarse de sus vasallos los condes, a los que consideraba traidores, les atrajo con engaños a un lugar llamado Tejar, a orillas del Carrión, donde los mandó apresar y ejecutar. (Este hecho no está históricamente confirmado, al menos en el caso del conde Fernando Ansúrez, que aparece citado en numerosas crónicas posteriores, aunque también es posible que se trate de otro conde del mismo nombre y de la misma familia). Un nieto de Nuño Rasura, el también legendario conde Fernán González, consiguió la independencia administrativa de Castilla, dejando el camino abierto para que, en pocos años, se consume su total separación del reino de León.

 

 

 

 

Paco Blanco.

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