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página con el mito de El Cid Torero

EL CID TORERO

“A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde…”

…Y allí, en la arena, solo y altivo, nuestro héroe, el Cid Campeador, se va a enfrentar a
6 toros 6 de la prestigiosa ganadería…Su lanza no le temblará como tampoco lo hizo su Tizona.

¡Todo ficción y anacronismo! ¡El Cid enfrentándose a las reses, siguiendo los cánones del arte de Cúchares!. ¿Imposible?.

Sea como sea, diversos autores, toman al Campeador como protagonista de hazañas taurinas.

Fernández de MoratínMª Celia Forneas Fernández, doctora en Ciencias de la Información, en “El mito en la Historia de la Tauromaquia Moderna” dice: “Tengo para mí, que el primer constructor de mitos en la Tauromaquia moderna fue Nicolás Fernández de MORATIN, en su Carta Histórica sobre el Origen y Progresos de las Fiestas de Toros en España (1776), donde dice que “pasando de los discursos a la historia, es opinión común en la nuestra que el famoso Rui o Rodrigo de Vivar, llamado el cid Campeador, fue el primero que alanceó los toros a caballo”

Una supuesta justa en el Madrid de 1040 entre el Cid y los caballeros moros de aquella localidad dio pié a Moratín para una leyenda en la cual se narra cómo el alcaide Aliatar, para ablandar el corazón de su amada Zayda, organiza un juego de toros, en el que interviene el Cid, quien tras vencer en la justa, acaba tomando Madrid a los moros.

 

 


De Moratín son estas quintillas:

                                           
Un bizarro caballero…..

                                            En el arzón de la silla
                                            Ancho escudo reverbera
                                            Con blasones de Castilla,
                                            El mote dice a la orilla:
                                            Nunca mi espada venciera….
                                            (…)
                                            Como ese doncel, que ufano
                                            Tanto asombro viene a dar
                                            A todo el pueblo africano,
                                            Es Rodrigo de Vivar,
                                            El soberbio castellano      
                                            (…)
                                            Suena un rumor placentero
                                            Entre el vulgo de Madrid:
                                            No habrá mejor caballero,
                                            Dicen, en el mundo entero,
                                            Y algunos le llaman Cid….

A caballo como estaba,
Rodrigo, el lazo alcanzó
Con el toro se adornaba;

En su lanza le clavó…

Siguiendo a Forneas Fernández, “Esta supuesta fábula de Moratín la recoge también Mariano José de Larra en su texto titulado “Corridas de toros”. Allí escribió LARRA: “El primer español que alanceó a caballo un toro fue nuestro héroe, nunca vencido, el famoso Rui o Rodrigo Díaz de Vivar, dicho el Cid, que venció batallas aun después de su muerte. Hasta éste, sólo en las baterías de caza habían peleado los españoles con estos hermosos animales; y cuando el Cid alanceó el primer toro delante de los que le acompañaban, éstos quedaron admirados de su fuerza y su destreza”.
 
Son numerosos los escritores que relatan hazañas taurinas del Cid, pero no quiero cansar, sólo quiero llamar la atención sobre este distinto y peculiar punto de vista sobre el Campeador.

Un torero famoso, Pepe Hillo (o Illo), (1754-1801), uno de los personajes que fijaron las reglas y el estilo de las corridas de toros, publicó un “Tratado de la Tauromaquia” y en ella dice: “No hay duda que en esta nación famosa se ejercita el toreo desde que hay toros y de aquí es sin duda que los más de nuestros héroes han blasonado de toreros. El Cid Campeador lanceaba a caballo”.

dibujo de Goya titulado El Cid lanceando un toroY para que no falte nada, tenemos la imagen, el “testimonio” gráfico. Francisco de GOYA y Lucientes, en su obra Tauromaquia,  reserva un formidable e irrepetible  dibujo a  “El Cid lanceando un toro”. Como dice José Mª Díez Borque, de la Complutense de Madrid, “esta ilustración es la “congelación visual”, el testimonio gráfico de la hazaña poetizada por Moratín”.

 

 

 

Alberto Saborido

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