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página de Dola Urraca-Reina por partida doble

 

DOÑA URRACA, REINA DE CASTILLA POR PARTIDA DOBLE

Doña UrracaAl morir Sancho Alfonsez en  el año 1108, peleando contra los sarracenos en la batalla de Uclés, el trono de Castilla se queda sin heredero varón y a su rey, Alfonso VI el Bravo, sólo le queda un descendiente de los seis hijos que tuvo en su primer matrimonio con doña Constanza de Borgoña (Sancho era producto de su cuarto matrimonio con doña Zaida (cristianizada con el nombre de Isabel), viuda de un gobernador moro de Córdoba, que conoció en una de sus correrías, del que le quedaban todavía otras dos, doña Elvira y doña Sancha, pero ya las tenía casadas y colocadas), su hija Urraca, que por aquella época ya había enviudado de su primer marido, Raimundo de Borgoña, con el que había tenido un hijo que, a la postre, sería el rey de Castilla, León, Asturias y Galicia, con el nombre de Enrique VII el Emperador, el primer rey de la casa de Borgoña.

El hecho insólito, que tardaría más de cien años en repetirse con doña Berenguela I de Castilla, se produce cuando el rey decide convertir a su hija, con la aprobación de toda la nobleza, que había convocado en Toledo, en heredera del trono. Tan sólo se la exigía una condición para ser reina de Castilla y León, pues ya lo era de Galicia: qué se volviera a casar.

Alfonso I El BatalladorLa elección de su padre, con el apoyo de una gran parte de la nobleza castellana, recayó en el rey de Navarra y Aragón, Alfonso I el Batallador. Con esta unión se abría la prometedora perspectiva de la unificación de todos los reinos cristianos de la península (excepto el de Portugal, que al final se lo quedaría Alfonso I Enriquez, hijo del conde Enrique de Borgoña, primo de Raimundo, y de Teresa León, hija bastarda  de Alfonso VI y de su amante doña Jimena Muñoz).

Pero, desde el principio, a doña Urraca este matrimonio no fue en absoluto de su agrado, posiblemente por tener ya como amante al conde D. Pedro González de Lara, de la poderosa familia burgalesa de los Lara, con el que ya tenía dos hijos bastardos. Al final, en contra de su voluntad, pero por respeto a la memoria de su padre, que había fallecido en el verano del 1109, y también por la presión que recibía de una parte de la nobleza, la boda se celebró en el castillo de Muñón, ciudad fortaleza situada en la jurisdicción de Quintanilla de Somuñó, al sur de Lerma. (Ciudad y fortaleza actualmente desaparecidas, pero que en los comienzos de la formación de los condados castellanos tuvo incluso más importancia que la de Burgos. El rey Alfonso XI donó todo su término jurisdiccional a la ciudad de Burgos).

En las capitulaciones matrimoniales, en las que actuó de mediador el conde de Saldaña, Pedro Ansúrez, conocidas como “El Pacto de Unión”, se concedieron la “carta de arras” de don Alfonso y la “carta de donación” de doña Urraca, en ellas se establecía la independencia jurisdiccional de ambos monarcas sobre sus respectivos reinos, pero el hijo de doña Urraca, Alfonso Raimundez, perdía todos sus derechos  hereditarios, que pasaban a los posibles hijos del matrimonio. A don Alfonso, convertido en virtual rey de León, se le reconoció el título de “Hispanie imperator, Totius Hispanie rex et magnificus imperator, Imperator Dei gratia”.

Como era de prever, el matrimonio no funcionó desde el principio; doña Urraca era una mujer apasionada, dotada con capacidad para el mando, que no se prestaba a  postergar sus derechos de reina a sus obligaciones de esposa; mientras que el rey Alfonso amaba, sobre todo, la vida militar, pasando la mayor parte del tiempo conviviendo con sus tropas como un soldado más. Por si esto no fuera suficiente, entre la nobleza de ambos reinos surgieron partidarios de una y de otro, que, como no podía ser de otra manera, tomaron las armas para defender sus aspiraciones. El alto clero y la nobleza castellana se pusieron a favor de doña Urraca y de los derechos de su hijo, Alfonso Raimúndez, a la corona castellana, que habían quedado anulados en las capitulaciones matrimoniales, pero la hermanastra de la reina, Teresa León y su marido Enrique Alfonsez, que aspiraban a quedarse como reyes independientes de Portugal,  se pusieron del lado de Alfonso I el Batallador y los nobles navarros y aragoneses. La guerra civil entre  ambos bandos estaba servida.

Doña Urraca en San Isidoro de LeónEl arzobispo de Toledo también intervino en el conflicto, solicitando a Roma la anulación del matrimonio, alegando el parentesco que los unía: ambos eran biznietos del rey de Pamplona Sancho Garcés III y, por lo tanto, primos carnales en segundo grado. El pontífice Pascual II amenaza con excomulgar a los dos si no aceptan la separación. Doña Urraca decide alejarse de Alfonso, refugiándose en el monasterio leonés de Sahagún, quedando Alfonso como rey de Castilla. Esto ocurría en el 1110.

Tan sólo un año después, en el 1111, con la guerra civil en pleno apogeo, las alianzas cambian, doña Teresa  León intenta acercarse a su hermanastra y montar una alianza en contra del rey Alfonso, pero doña Urraca, que debía de aborrecer a su hermanastra aun más que a su esposo, prefiere reconciliarse con éste y acabar con las pretensiones de independencia de doña Teresa y D. Enrique.

La reconciliación matrimonial dura bien poco, Alfonso decide apresar a su esposa y encarcelarla en el castillo de Castellar, pero, con la ayuda de los Lara, consigue escapar y se refugia en Burgos.

El 17 de setiembre del mismo año el obispo de Santiago, Diego Gelmírez, corona en su basílica a Alfonso Raimúndez como rey de Galicia. El consentimiento de doña Urraca a esta coronación provoca la ira del rey aragonés y un nuevo enfrentamiento entre ambos bandos, que se prolonga durante todo el año 1112. La reina, apoyada por las tropas del obispo Gelmírez, pone sitio a la ciudad de Burgos, apoderándose de su castillo. El rey aragonés, tal vez cansado de tanto batallar, en un concilio celebrado en Palencia en 1114, decide repudiar a su esposa y renunciar a sus derechos territoriales  sobre sus reinos. Doña  Urraca renuncia a los suyos sobre Aragón y vuelve a ser reina de Castilla y León.

ruinas del Castillo de SaldañaLa guerra civil, ahora contra su hermanastra Teresa, que había enviudado y defendía los derechos de su hijo Alfonso Enriquez, que acabaría siendo rey de Portugal, continuó hasta su muerte, acaecida en el castillo palentino de Saldaña en el año 1126, cuando contaba 45 años de edad, posiblemente a causa del parto de su tercer hijo con el conde burgalés don Pedro González de Lara, al que se le conoce como Fernán Pérez, “El Hurtado”, por la circunstancia, poco agradable sin duda para él, de no haber recibido legado alguno por parte de ninguno de sus ilustres progenitores.

 

Alfonso VIA la muerte de doña Urraca, su hijo Alfonso Raimundez fue aclamado como rey de Castilla y León, pero retrasó su solemne coronación imperial hasta el año 1135, después de la muerte del rey aragonés, su padrastro, en 1134. 

 

 

 

 

 

Paco Blanco

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