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página dedicada al Conde de Castilla García Fernández

GARCIA FERNANDEZ, EL DE “LAS MANOS BLANCAS”


En el año 970, tras la muerte de Fernán González, su hijo, el conde García Fernández recibirá, como herencia por derecho de sucesión, el condado de Castilla, sin que el por entonces rey de León, Ramiro III, opusiera ninguna  resistencia. En realidad, aunque subsistía el vasallaje de Castilla hacía León, el nuevo conde había recibido de su  padre unos estados dotados de unas estructuras sociales y políticas mucho más modernas, que gozaban de una total autonomía administrativa y, desde la quema del “Fuero Juzgo” visigótico, sustituido por el conocido como “Fuero del Albedrío”, también de una absoluta independencia judicial. En realidad, el gran Condado de Castilla, con la casa de Lara a la cabeza, estaba perfectamente preparado para ser independiente.
Conde García FernándezCuando asumió el poder el conde García Fernández, que había nacido en Burgos el año 938, contaba 32 años de edad y estaba casado con doña Aba, hija del conde de Ribagorza, Ramón II. Este condado, situado en el Aragón oriental, había estrenado su independencia del imperio carolingio en el año 872.
Los primeros años de su mandato fueron de relativa calma, pues el Califa de Córdoba, Al-Hakan II, al contrario que su padre Abderramán III, era un hombre refinado, de gran cultura, más proclive al estudio de las artes, las ciencias y las letras que a las campañas militares que tanto gustaran a su padre.

 

 

 

castillo de Castrojeriz Durante este periodo de tranquilidad, que duró hasta el 974, el conde  desarrolló una importante actividad organizativa y legislativa. Su medida más importante fue otorgar, el 3 de marzo del 974, el llamado “Fuero de Castrojeriz”, que comenzaba de la siguiente manera : “Damos buenos fueros a aquellos que fueron caballeros”. Firmado por el conde, Aba, su mujer, sus hijos Sancho y Urraca y el obispo Pelayo.
Con esta medida elevaba a la categoría de infanzones a todos los villanos hacendados que poseyeran un caballo y pudieran prestar al conde servicios militares. Los infanzones constituían la nobleza menor, formada por  los hijosdalgo, de potestad y señorío limitados, pero sin título nobiliario. En la práctica significaba aumentar considerablemente las fuerzas de caballería al servicio del conde. 
También reguló los derechos de portazgo sobre el tránsito de personas y mercancías, y los de montazgo, que afectaban a los ganaderos de la Mesta por el aprovechamiento de los montes, bosques y pastizales de las tierras del condado (digamos que fue una medida democratizadora de “abajo arriba”), pero también aumentó su poder y sus tierras por el sistema de “profiliación”, que era un procedimiento  jurídico medieval, por el cual los condes accedían a ciertos derechos y ciertas propiedades de sus pecheros e infanzones, que los profilaban o adoptaban como sus protectores y administradores. Famosa es la profiliación de Espeja, en el alfoz de Clunia, reflejada en el “Documento de los infanzones de Espeja”, en el que se puede leer: "En la época de ocupación de la comarca por parte del conde García Fernández y doña Aba, además del hijo de ambos Sancho García; obtuvieron en Espeja su divisa que se extiende hasta Clunia; esta herencia se obtuvo por profiliación que profiliaron al dicho conde García Fernández y a doña Aba, por tanto esas herencias pasaron al conde; y la herencia de Anaia Díaz porque robó tres caballos y un hombre y huyó a tierra de moros por tanto esta herencia también pasó al conde. Abolmondar Flaínez y Abolmondar Obecuz tuvieron pleitos por motivo de sus herencias de Espeja y recurrieron al conde García Fernández para que actuara de mediador, el conde les envió su hombre de confianza llamado Tello Barrakaniz y éste les repartió las heredades acabando con el pleito a cambio de la serna mayor que guardó para el conde; así las sernas y las viñas las partieron los infanzones de Espeja cuando actuó el conde don Sancho”.
entrada Castillo de GormazPero en este verano del 974, el conde rompe la tregua pactada con los diferentes caudillos de la península y, en coalición con los reyes de Navarra y de León y con la familia de los Banu Gómez, organiza una expedición que asoló las tierras de Soria y Guadalajara, poniendo cerco a la fortaleza de Gormaz, que resiste gracias a la ayuda del general cordobés Theman Galib. En el 978 la asedió de nuevo, consiguiendo rendirla, pero al poco tiempo el terrible Almanzor la ocupó nuevamente.
Con la muerte, en el 976, del tolerante califa, Al-Hakan II, se acaba la política de entendimientos  negociados a través de la vía diplomática. Su sucesor, Hishan II, de tan sólo once años, fue prácticamente secuestrado por su visir, Ibn Abí Amir, más conocido como Almanzor, que se hizo totalmente con el poder. El sobrenombre de Almanzor proviene del título que él mismo se otorgó de “Al-Mansur bi-llah”, el “Victorioso de Allah”, después de la  derrota que infringió a la coalición que en su contra habían formado el rey de León, Ramiro III, el de Navarra, Sancho Garcés II Abarca y el conde castellano García Fernández, en la batalla de La Rueda. No solamente recuperó la plaza de Simancas, que tanto les costó conquistar a sus antepasados Ramiro II y Fernán González, sino que pasó a cuchillo a la mayor parte de su población.


campañas de AlmanzorMás de cincuenta campañas, todas victoriosas, emprendió el caudillo árabe contra los diferentes reinos cristianos, atacando con  especial ferocidad sus centros más emblemáticos. Santiago de Compostela, entre otras, fue arrasada y destruida su catedral, cuyas puertas y campanas fueron trasladadas a Córdoba, según la leyenda, a hombros de prisioneros  cristianos. En su última campaña, ya con setenta y tres años, llegó hasta Nájera, destruyendo el cercano monasterio de San Millán, pero al sentirse repentinamente enfermo, se retiró hacia Medinaceli, donde murió el 12 de agosto del 1002. En la muerte de este invicto caudillo árabe también interviene la leyenda, que la atribuye a las heridas recibidas por Almanzor  en la batalla de Calatañazor (castillo del azor), por tierras sorianas, derrotado por el conde castellano Sancho García I, “el de los Buenos Fueros”, hijo de García Fernández, que así vengaba las numerosas derrotas que sufrió su padre.
Lo que sí que es cierto es que la muerte de Almanzor fue recibida con júbilo por todos los líderes cristianos y también por algunos musulmanes, en especial por  su hijo y sucesor Abd al-Malik, con el que siempre mantuvo muchas discrepancias, especialmente en el aspecto militar.
Salvo  los periodos en que los problemas internos del califato requerían la presencia de Almanzor en Córdoba, los enfrentamientos militares entre el caudillo árabe y el conde castellano fueron constantes y siempre con derrotas para éste, que perdió las plazas fuertes de Osma, Gormaz, San Esteban y Clunia. Algunos de estos enfrentamientos fueron provocados por el cobijo que el conde castellano proporcionó al otro hijo de Almanzor, Abd Allah, en abierta rebelión contra su padre, que desertó de sus filas en una de sus expediciones para refugiarse en las tierras del conde, que le acogió y le prometió ayuda. Las continuas victorias de Almanzor, sin embargo, obligaron a García Fernández a pedir la paz, pero tuvo que entregar a Abd Allah, que fue decapitado sin piedad en cuanto pisó el campamento de su padre, que le estaba esperando. Almanzor siempre consideró como una afrenta personal la protección que dispensó el conde a su rebelde hijo, no desaprovechando la ocasión para vengarse.
monolito en Alcozar dedicado al Conde García FdezEsta no tardó en llegar, pues en el año 995, Sancho García, el hijo y heredero del conde, apoyado por su madre doña Aba, varios miembros de la nobleza y el propio Almanzor, se levantó en armas contra su padre. Pero  el conde García Fernández, “el de “las Manos Blancas”, no se arredró; reunió a los fieles que le quedaban y se enfrentó a sus oponentes. Pero la suerte le siguió dando la espalda; a orillas del Duero, entre Langa de Duero y Alcozar, fue nuevamente derrotado por su implacable enemigo; herido por una lanza y prisionero, fue llevado cautivo a Córdoba donde falleció a los pocos días, el 29 de junio,  como consecuencia de sus heridas. El caudillo árabe, con la muerte del conde dio por cumplida su venganza, entregando sus restos a los cristianos cordobeses, que les dieron sepultura en la iglesia de los Tres Santos. Posteriormente, tras la conquista de Córdoba por los cristianos, fueron trasladados al monasterio de San Pedro de Cardeña, del que había sido benefactor y en donde permanecen.
Como se ha podido apreciar bastante claramente, la faceta guerrera del conde de “las Manos Blancas”, a pesar de su reconocida valentía y tenacidad, que le llevaron a morir luchando, no sale muy bien parada; pero, a pesar de sus numerosas derrotas, perdiendo y ganando plazas y luchando muchas veces en solitario contra su poderoso enemigo, supo mantener firmes sus fronteras, lo cual no deja de ser meritorio si se tiene en cuenta que su principal oponente, Almanzor, fue uno de los más destacados caudillos militares de la Alta Edad Media.
Hay otras facetas, sin embargo, en las que la figura del conde  alcanza gran prestigio y que vale la pena resaltar. Políticamente, consciente de la necesidad de unir fuerzas, busca constantemente alianzas con el resto de los reyes cristianos, no sólo militares sino, como era muy frecuente por aquellos tiempos, a través de compromisos matrimoniales, aunque no todos salieran bien.
Su hijo y heredero, Sancho García, casa con doña Urraca Gómez, de la poderosa  familia palentina de  los Banu Gómez, condes de Saldaña, matrimonio que afianza los lazos de unión entre las dos familias, existentes desde  los enfrentamientos de los condes castellanos con los reyes leoneses. Otra de sus hijas, doña Toda, la cuarta de las cinco que tuvo, casó con Sancho Gómez, de la misma familia de los Banu Gómez
La primera de sus cinco hijas, doña Mayor García, casó con el conde franco Ramón III, del Pallars Jussá, aunque éste, al parecer por razones de parentesco con doña Aba, esposa de García Fernández, la repudió, acabando sus días como abadesa del monasterio de San Miguel de Pedroso, en el Alfoz de Pedroso, a orillas del río Tirón, primer monasterio exclusivamente para monjas que se fundó en Castilla y al que se acogieron numerosas damas de la nobleza castellana.
Con respecto al reino de León, que seguía inmerso en sus luchas sucesorias, mantuvo una estricta política de neutralidad, a pesar de que su sobrino Bermudo, hijo de su hermana Urraca y de Ordoño III, mantenía sus aspiraciones al trono y estaba en abierta guerra civil contra el monarca reinante,  Ramiro III. Finalmente, como en tantas otras ocasiones, la muerte del rey Ramiro resolvió el conflicto, dejando el camino libre para que su sobrino, que además estaba casado con Elvira, la tercera de sus hijas, se proclamase rey de León con el nombre de Bermudo II, “el Gotoso”.
Sus relaciones con el califato de Córdoba fueron de diversa índole; hasta la muerte de Al-Hakam II, sin que desaparecieran los enfrentamientos militares, siempre estuvieron abiertas las vías diplomáticas y las puertas del diálogo.
A la muerte del califa, García Fernández y el rey de Navarra, Sancho Garcés II “Abarca”, prestan su apoyo al general Galib, el único que fue capaz de oponerse al ambicioso Almanzor en su ascenso al poder, pero, el 10 de julio del 981, sufrieron una severa derrota en la batalla de San Vicente, cerca de Atienza, donde perdió la vida el propio Galib y las tropas cristianas salieron muy mal paradas. A partir de aquí, la enemistad entre el conde y el caudillo árabe se hace irreconciliable y acaba con la muerte del primero luchando en solitario contra su implacable enemigo, al que se había unido su propio hijo. 

Paco Blanco

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