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página dedicada al Caballo Losino

NUESTRO CABALLO LOSINO.  Gloria y decadencia.

caballo losinoEl caballo losino o jaca burgalesa, último representante del caballo castellano, también conocido como "de la Meseta", Thieldón, Celdón o Fieldón, es autóctono del norte de la provincia de Burgos, del Valle de Losa, de donde viene su nombre.
Según los estudios realizados por el doctor Martinez-Saiz en la década de los noventa del siglo pasado, con una base de 150 ejemplares, se trata de un caballo de pequeño tamaño, con dimensiones algo superior a un poni. Su alzada a la cruz es de unos 135cm en las yeguas y 140cm en los machos, aunque el patrón que establece el Libro Genealógico de la raza es de 120cm mínimo, 147cm máximo. Su peso se encuentra en el rango 330-350 kg.

Es un caballo de orejas pequeñas y curvadas (como los auténticos caballos, no los ponis), frente plana y ojos vivos bien situados; en cambio sus belfos pueden resultar algo gruesos. Al igual que otras razas ibéricas, el cuello es ancho en su base y su talle, pero algo fino en la inserción con la cabeza; igualmente, la cruz es destacable y sus formas generales son bastante redondeadas. La cola es de inserción alta y está cubierta de abundantes crines, al igual que el cuello, pero carece de cernejas en las patas.
La raza es de color negro, del tono llamado morcillo (ligeramente rojizo). Ese color se hace más evidente durante los meses invernales en los adultos; mientras que en los potros de hasta dos años de edad, su pelaje es de color rojizo y largo, lo que lo asemeja a algunas razas también autóctonas de asnos. Las únicas manchas que puede presentar son pequeños luceros en la frente.
Es un caballo de aspecto algo rústico, pero igualmente elegante y refinado. Muy resistente, noble y tranquilo una vez que se le ha entrenado. Los vecinos de Pancorbo hablan de ellos con admiración, destacando su finura: “eran más finos que el coral” y su belleza: “ni hechos de cera” y también la capacidad para la carrera prolongada.

cabblos losinosSegún algunos estudiosos, Burgos, Palencia y Cantabria fueron testigos del cabalgar salvaje de miles de caballos en la Era Terciaria y Cuaternaria. Descendiente del Hispparión Gracile. Otros dicen desconocer la relación filogenética del actual caballo losino con aquel. Lo que sí es cierta la existencia de restos fósiles de la especie caballar en la provincia de Burgos desde la prehistoria.
Las pinturas rupestres de Altamira y Ojo Guareña, son testimonio del caballo hace 40.000 años en Burgos; así como también los yacimientos arqueológicos de Atapuerca.
El équido , en aquel tiempo, será imprescindible al hombre  en su lucha con la naturaleza hostil y como es lógico, para la caza, la guerra y en las labores del campo, de tal manera que llega a adorarlo en la figura de la diosa Epona.

Plinio el Viejo llamó feldón a un tipo de caballo de “trote suave que logra alargando las piernas alternativamente” y el losino, es descendiente de aquel. Al parecer, los caballos castellanos, eran los más apreciados en las carreras de carros en el circo de Roma.
Los romanos, al llegar al norte de Burgos, deben de luchar con la tribu de los autrigones, pueblo agricultor y ganadero con gran dominio  de la equitación. Según David Padrales (2002), entre los restos óseos animales aparecidos en la excavaciones de sus poblados, la especie más abundante y que destaca sobre todas es la del caballo.
En 974 el Conde García Fernández (hijo de Fernán González) creó la caballería villana (fuero de Castrojeriz), que tuvo u papel decisivo en la frontera del Duero.
En la Reconquista, el caballo losino desempeña un papel importantísimo, En 1513 Alonso Herrera nos cuenta que “el Cid por cierto negocio que se le ofreció, le fue forzoso sacar de Castilla más de siete mil caballos con que venció una batalla fuera del Reyno. Tanta era la multitud de caballos que había en Burgos y su tierra”. Herrera describe estos caballos a los que califica de “grandes y fuertes” comparados con el resto de équidos peninsulares, quedando bastante claro que nos habla de caballos losinos.
En la Edad Media, ocupada la Península por los musulmanes, la reconquista de Castilla comenzó por el norte de Burgos. Seguro que los caballos losinos tuvieron una actuación decisiva.
Pasada la Reconquista, estos caballos se dedican a menesteres menos heroicos, labores agrícolas, cría mulatera o el transporte. Más tarde la mecanización conlleva que los mulos no sean tan necesarios y por tanto las yeguas que los producían; es entonces cuando la cría caballar se orienta a la producción cárnica, cruzándose preferentemente a sementales de raza de tiro.

Así se pasó de 4.000 yeguas losinas puras en los años 50 a las 30 que se pudieron recuperar en 1986;  es entonces cuando un grupo de particulares (Ricardo de Juana al frente)  en vista de la alarmante situación, pusieron en marcha un proyecto de recuperación y cría en pureza del caballo losino. Se localizaron 30 hembras cuyo fenotipo se correspondía fielmente con el patrón racial descrito en la bibliografía. Se  concentraron en Pancorbo, donde se creó el Centro de Recuperación y Cría del Caballo Losino. Estas personas tuvieron que enfrentarse a importantes contratiempos y dificultades: los agricultores se quejaban de que los caballos entraban en los sembrados  y parcelas, habiéndoselos visto en la carretera N-I, con el correspondiente peligro de accidente. Los lobos, que regresaron a aquellas tierras en 1992 (desde los años 30-40 no se los había detectado)  lo hicieron con especial virulencia, causando muchísimas bajas. Según cuenta Ricardo de Juana (2005) “Los daños fueron en aumento con los años pero en 1997 era tal la cantidad de lobos, que llegaron a matar a todos los potros nacidos aquella primavera, muchos de la anterior y varias yeguas. Incluso a los sementales se les veía cubiertos de heridas. La alambrada que rodeaba la zona de cría tenía continuos desperfectos y los caballos salían de la zona acotada. Los labradores comenzaron a disparar y matar caballos.
cartel de SOS de extinción del caballo losino

 

 

 

Los problemas siguen y el caballo losino está en peligro de extinción. Actualmente el censo de esta raza es de 200 cabezas.

 

 

 

 

 

 Fuentes.- Euskal Harse  y Diario de Burgos 

Alberto Saborido      

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