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página dedicada a Alfonso XI

ALFONSO XI CONTRA LA NOBLEZA
Alfonso XIDesde la muerte del infante D. Fernando de la Cerda, heredero de la corona, que dio paso al reinado de su hermano Sancho IV, las revueltas nobiliarias entre los dos bandos que se crearon fueron una constante que se mantuvo durante el siguiente reinado de su hijo, Fernando IV, y que seguía latente cuando, después de una complicada minoría de edad, sube al trono su hijo Alfonso XI, también conocido como “El Justiciero”. Tal vez el apodo de justiciero le venga de la implacable energía y dureza que empleó en combatir a una parte de sus altaneros y poderosos nobles. Aunque, todo hay que decirlo, con la parte que le permaneció fiel se mostró excesivamente pródigo. Su real generosidad, en especial con los vástagos que le proporcionaba su concubina y favorita, doña Leonor de Guzmán, fue el principio del final de la dinastía de los Borgoña.
Desde que alcanzó la mayoría de edad, Alfonso XI tuvo enfrente tres formidables enemigos pertenecientes a su propia familia, sus primos D. Juan Manuel y D. Juan Núñez de Lara y su tío, D. Juan de Haro “El Tuerto”. 
Con el primero estaba abierto el contencioso del repudio, por parte del rey, de su hija Constanza Manuel, con la que había contraído matrimonio siendo ambos menores de edad. El matrimonio, lógicamente, no se llegó a consumar, y Alfonso XI, que estaba más interesado en casarse con doña María de Portugal, heredera del trono portugués, decidió anularlo aduciendo razones de parentesco. Después de una dura campaña, cercado D. Juan Manuel en su castillo de Escalona y perdido el apoyo del rey de Aragón, Alfonso IV, muy ocupado en sus campañas sicilianas, el rebelde decide  someterse a la autoridad real a cambio de su inmunidad personal, acompañada del título de infante y del señorío de Villena.
Con su tío, D. Juan “El Tuerto”, hijo de D. Alfonso X y su segunda mujer, Doña María Díaz de Haro, de la que heredó el Señorío de Vizcaya, celebró una reunión en la ciudad de Burgos, el año 1326, en la que el rey le planteó unas propuestas de paz que el noble rechazó. La hostilidad de su pariente indujo al monarca a tomar una de sus “justicieras decisiones”: le mandó ejecutar. La orden se cumplió en la ciudad de Toro, el mes de setiembre de ese mismo año.
Pero el problema de fondo entre el rey y los nobles rebeldes aún no estaba resuelto, quedaba el más peligroso, su primo D. Juan Núñez de Lara, hijo de D. Fernando de la Cerda y de doña Juana Núñez de Lara, cuyos apellidos adoptó. Este matrimonio y sus respectivas familias aglutinaban una parte muy importante de los magnates del reino que seguían defendiendo los derechos al trono de D. Alfonso de la Cerda, hermano de D. Juan.
En el año 1332 D. Alfonso se hizo coronar solemnemente como rey en la ciudad de Burgos. Entre otros muchos festejos, tal vez con la segunda intención de ganarse para su causa a la nobleza burgalesa, creó la “Orden de la Banda”, armando caballeros a más de un centenar de “hijosdalgos” y “ricoshomes” burgaleses, además de a sí mismo.
Pero ni D. Juan Núñez de Lara, ni D. Juan Manuel, ni ninguno de sus aliados asistieron a los fastuosos festejos que se celebraron con motivo de la coronación, en inequívoca demostración de su desacuerdo. Esta premeditada ausencia fue tomada por el coronado rey como muestra de desacato a su realeza, convirtiéndose en  la chispa que volvió a encender la mecha de las hostilidades. 
D. Juan Núñez de Lara se hizo fuerte en la ciudad burgalesa  de Lerma y D. Juan Manuel, que se le había vuelto a unir, se fortificó en el castillo de Peñafiel, ambos habían negociado la ayuda de los reyes de Aragón y Portugal, formando una poderosa coalición contra el rey Alfonso.
Pero éste actuó con gran rapidez e inteligencia, neutralizando a sus primos en sus respectivas plazas fuertes y cortando el paso a las fuerzas que pudieran llegar en su ayuda desde  Aragón o Portugal. De esta forma se estableció un equilibrio entre ambas partes muy difícil de romper. De nuevo  se imponía la negociación.
En el 1338 D. Alfonso convoca Cortes en Burgos para buscar la definitiva conciliación. Reunidos los hidalgos más representativos de las dos facciones, llegaron al mutuo acuerdo de dar por finalizadas las hostilidades militares, dar por zanjadas sus diferencias y acatar unánimemente la autoridad real. El perdón fue general y nadie sufrió merma alguna en sus intereses personales, pero se impuso la pena de muerte para los que no respetasen la paz a partir de entonces. También se estableció un estatuto en el que se contemplaban los derechos y obligaciones de los nobles y los militares, especialmente los que afectaban a sus relaciones con el rey.
croquis de la Batalla del SaladoCon estos acuerdos Alfonso XI consiguió gobernar sin ninguna oposición el resto de su reinado, prosiguiendo la lucha contra los benimerines, a los que infligió una severa derrota en la batalla del Salado, en coalición con el rey Alfonso IV de Portugal. Recuperó para su reino las plazas de Alcalá la Real, Priego, Benamejí, y Algeciras, después de un largo asedio; pero en el año 1350, durante el cerco al que había sometido la plaza de Gibraltar, se desató una epidemia de peste que le quitó la vida.

 

En el reinado siguiente, siendo monarca de Castilla su hijo Pedro I, la paz se volvió a romper y de nuevo una larga y cruel guerra civil asoló las tierras castellano-leonesas.

Paco Blanco

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