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página de Alfonso X El Sabio

EL TORMENTOSO REINADO DE ALFONSO X "EL SABIO"

La definitiva conversión de Castilla y León en un solo reino bajo la soberanía de Fernando III el “Santo”, hizo que se reforzara el poder y la autoridad real -“auctoritas”- y que los reyes se identificasen cada vez más con el concepto imperial del  reino castellano. Alfonso VI se llamó a sí mismo emperador,  su nieto Alfonso VII se hizo coronar como tal y algunos cronistas de su época afirman que Fernando III quiso que “su sennorío fuesse llamado emperio e non regno, e que fuesse él coronado por emperador”. Pero fue su hijo, Alfonso X, quien convirtió su pretensión imperial, tal vez condicionada por su lejano parentesco con el viejo emperador Federico Barbarroja,  en uno de sus principales proyectos políticos. Esta idea imperial del Rey Sabio se vincula directamente a lo que en occidente significaba el “Sacro Imperio Germánico”. En el 1254, tras la muerte del emperador Conrado IV, la ciudad independiente de Pisa  llegó a apoyar su candidatura a la vacante corona imperial, que finalmente fue a descansar sobre la cabeza de Rodolfo de Habsburgo. A pesar de su fracaso, el rey Alfonso  siguió utilizando el título de “Rey de Romanos”.

Como consecuencia de este concepto imperial de su reinado, su política interior se volvió mucho más hegemónica y autoritaria y la impresionante obra jurídica y legislativa que desarrolló en sus “Partidas” está en completa sintonía con su idea imperial, claramente expresada en el “Fuero Real”.

Alfonso X con las Siete Partidas
Pero ni la poderosa y arrogante nobleza, ni la privilegiada jerarquía eclesiástica, aceptaron por las buenas este reforzamiento del poder real que, necesariamente, llevaba implícito el detrimento del suyo propio, cimentado en conquistas y beneficios realizadas y repartidos conjuntamente.

Alfonso X El SabioEl primer brote de rebeldía lo inició en el año 1255 el señor de Vizcaya, D. Diego López de Haro, con la complicidad de un hermano del rey, el infante D. Enrique y la interesada complacencia del reino de Aragón; pero la rebelión de la nobleza castellana contra la autoridad real explotó el 1271, coincidiendo con la gran depresión económica que venía sufriendo el reino. Estaba encabezada por otro hermano del rey, el infante D. Felipe, apoyado, como no podía ser de otra forma, por el jefe de los Lara, D. Nuño González de Lara y también por los Haro y los Castro. Todos ellos, reunidos en la ciudad de Lerma, rechazaron el “Fuero Real” y se pusieron al margen de la autoridad del monarca.  En el 1272 los nobles rebeldes obligaron al rey a convocar Cortes en la ciudad de Burgos con el objeto de regular las relaciones entre la monarquía y la nobleza y el alto clero, que plantearon a D. Alfonso una plataforma reivindicativa de cuatro puntos:

1º Respeto de sus tradicionales prerrogativas, consustanciales a su “status nobiliario”, dejando sin aplicación el “Fuero Real”.
2º Reducir las repoblaciones que el rey estaba realizando en Murcia y Andalucía, que amenazaban con reducir el censo de las provincias del norte.
3º Reducir la presión fiscal impuesta por el rey, especialmente en los núcleos urbanos más importantes.
4ºRechazo de la política exterior de D. Alfonso y renuncia de sus aspiraciones a la corona imperial, alegando el elevado coste económico que sus frustrados intentos habían significado.
Naturalmente, en esta última petición estaban implícitos los deseos de los nobles de mantener  intactos su poder y su independencia con respecto a la corona, que menguarían si se le añadiese el título imperial.

El rey, ante tal fuerte presión, condicionado también por la mala situación económica del reino, que le había restado el apoyo popular, no le quedó más opción que moderar todos los proyectos que había puesto en marcha, algunos iniciados ya en el reinado de su padre Fernando III.

Lo peor, sin embargo, estaba por llegar: La prematura e inesperada muerte,  en 1275, del infante don Fernando de la Cerda,  primogénito y, por consiguiente, heredero del trono, desencadenó un nuevo conflicto sucesorio que acabó, como en tantas ocasiones, en una guerra civil que duró dos años y dividió en dos bandos el reino castellano-leonés.
"Et estando el infante don Ferrando en aquella villa, adolesció de gran dolencia. Et veyéndose quexado de la muerte, fabló con don Juan Núnnez de Lara e rogól mucho afincadamente que ayudase e fiziese en manera que don Alfonso, fijo deste infante don Fernando, heredase los regnos después de los días del rey don Alfonso su padre.  Et luego este infante don Fernando finó en el mes de agosto".
Como puede apreciarse, en su lecho de muerte el infante encomendó a uno de los Lara la defensa de los derechos de su hijo. Tal vez antes de morir tuvo una premonición de lo que iba a suceder, o tal vez conocía muy bien a su hermano Sancho.

En el año 1256 las Cortes de Vitoria habían proclamado a D. Fernando heredero del trono y en el 1274, poco antes de su muerte, las Cortes de Burgos, con motivo de un viaje de su padre a Europa, le nombraron regente del reino. De su  matrimonio con doña Blanca de Francia, hija de Luis IX de Francia, celebrado en Burgos el 30 de noviembre de 1269, habían nacido dos hijos: Alfonso en 1270 y Fernando en 1275. De acuerdo con lo establecido por el propio Alfonso X en “Las Partidas”, el derecho a la sucesión  debía de pasar directamente a su nieto, el infante don Alfonso, pero el infante D. Sancho, segundo hijo del rey, alegando que las leyes de “Las Partidas” no habían entrado aún en vigor, reclamó la primogenitura para él, en función del derecho tradicional o consuetudinario por el que se había establecido la sucesión desde que los jueces de Castilla impusieran el “Fuero del Albedrío”.

En principio, el Rey Sabio pareció más inclinado a reconocer los derechos de su hijo Sancho, pero,  presionado por su esposa doña Violante, seguramente asesorada por su padre, el poderoso rey aragonés Jaime I,  y aconsejado también por su actual aliado, el rey de Francia Felipe III, decidió nombrar  heredero a su nieto el infante D. Alfonso de la Cerda, tal como estaba previsto en “Las Partidas”.

Al año siguiente, de nuevo reunidas las Cortes en Burgos para tratar de resolver el problema sucesorio, el infante D. Sancho, apoyado por la alta nobleza castellano-leonesa, los prelados y las Ordenes Militares, se auto proclama rey y declara la guerra a su padre.

Finalmente, D. Alfonso, falto de apoyos y desposeído “de facto” de sus poderes, aunque no de su título de rey, se refugia en Sevilla hasta su muerte, ocurrida el 4 de abril de 1284. En su testamento deshereda a su hijo Sancho, aunque otorgándole su perdón. Sus reinos los lega a su cuñado, el rey de Francia Felipe III, casado con  doña Isabel de Aragón, hermana de su esposa doña Violante. Era, sin duda, su último y desesperado esfuerzo para comprometer al país vecino en la defensa de los derechos de los infantes de “La Cerda”, quienes, en compañía de su esposa doña Violante y su hermana Blanca, se habían acogido  a la protección de la corte francesa.
 “........E cuando fue afincado de la dolencia dijo ante todos que perdonaba al infante don Sancho, su hijo heredero....e que perdonaba a todos los sus naturales de los reinos el yerro que ficieron contra él. E después que esto , ovo acabado e librado, rescibió el cuerpo de Dios muy devotamente, e a poca de hora dio el alma a Dios. E después enterráronlo en Santa María de Sevilla, cerca del rey don Fernando, su padre, e de la reina Beatriz, su madre”.

estatua de Sancho IV en TarifaEse mismo año el infante D. Sancho fue aclamado como rey en las Cortes de Toledo, con el nombre de Sancho IV, al que se le añadiría el apelativo de “El Bravo”. Contaba con el apoyo mayoritario de la nobleza, los obispos y las ciudades, pero enfrente quedaban los partidarios de su sobrino D. Alfonso de la Cerda, “El Desheredado”, que defendían sus derechos al trono, legitimados en “Las Partidas”. El reinado nacía  entre enfrentamientos y divisiones, que se prolongarían todavía durante el siguiente.

 

 

 

 

 

 


D. Alfonso X “el Sabio” había nacido en Toledo, el 23 de noviembre de 1221, pero desde muy pequeño estuvo al cuidado de su ayo, el noble burgalés D. García Fernández de Villadelmiro, señor de Celada del Camino. No se conocen muchos datos sobre su infancia y adolescencia, pero es de suponer que pasaría el tiempo entre  los dominios de su preceptor en Burgos y los que poseía su mujer, doña Mayor Arias, en Orense, donde seguramente aprendería la lengua galaíco-portuguesa, que tan perfectamente dominaba. El 1 de enero de 1249, a una edad desusada para aquellos tiempos, contrajo matrimonio con doña Violante de Aragón, hija de D. Jaime I “El Conquistador”, rey de Aragón, y su esposa doña Violante de Hungría.
Cuando subió al trono, tras la muerte de su padre Fernando III el Santo en 1252, contaba treinta y un años de edad, pero todavía gobernó sus reinos durante más de treinta años.

estatua de Alfonso X en la Biblioteca NacionalSu reinado estuvo lleno de sombras y de luces. Sombras en el plano político, pues aunque fue el primer monarca español con auténtica vocación europea, las disensiones internas y el problema sucesorio, originado por la prematura muerte de su sucesor, causaron no sólo la escisión del reino sino la pérdida de su autoridad real. En el plano económico las sombras de la prolongada depresión económica y la consiguiente carestía de la vida, oscurecen las reformas sociales y fiscales que emprendió. Por el contrario, en el plano cultural puede afirmarse que todo fueron luces. Durante todo su reinado apoyó y fomentó todas las ramas del saber. En los centros de trabajo que creó, e incluso dirigió en ocasiones, en las ciudades de Toledo, Sevilla, Burgos y Murcia, una multitud de copistas, traductores, ayuntadores, miniaturistas,  músicos, astrólogos, juglares y trovadores, desarrollaron una ingente labor de recopilación, investigación y difusión de las artes, las ciencias y las letras. Las obras que salieron de estos talleres, que no vamos a enumerar, fueron numerosas y trascendentales para el futuro desarrollo universal del saber. En el plano lingüístico, al implantar el castellano como lengua oficial de la corte, le proporcionó el impulso definitivo para imponerse al resto de las lenguas que se hablaban en sus reinos.

Arco de San MartínEn lo que se refiere a la ciudad de Burgos, con la que estuvo muy vinculado, impulsó la ampliación de la muralla que defendía la ciudad, dotándola de una  nueva puerta defensiva que se llamó de San Martín, por la que entraban los cortejos reales y salían los peregrinos que se dirigían a Santiago. En la actualidad se encuentra en perfecto estado de conservación.

 

 

 

Alfonso X y su esposa Doña ViolanteEn el claustro de su catedral se pueden admirar las estatuas del rey D. Alfonso X y su esposa doña Violante, en el acto de intercambiar las arras matrimoniales.
Con este polifacético rey, España, a pesar del claroscuro paisaje que ofrece  su reinado,  empieza a entrar en la Edad Moderna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paco Blanco

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