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CURIOSO ALBUM BURGALES

La tarde va pasando y me he quedado dormido. Es abril y la meteorología es una sorpresa; estos días pasados recordaba el verano, pero hoy la jornada va transcurriendo gris, ventosa y, por lo que observo desde mi ventana, bastante fría. La gente que pasa, se resguarda en sus jerseis y hasta en alguna bufanda anudada al cuello como es moda. Típico día para, por ejemplo, sacar del armario viejos álbumes de fotos y ver, en ese espejo retrospectivo, lo que muchas veces nuestra memoria ha olvidado: imágenes a veces emotivas, otras curiosas, casi siempre muy queridas y pocas amargas o bien ridículas, que nos invitan sencillamente a ser eliminadas.
Pero he preferido mirar páginas de los álbumes sobre la historia urbana burgalesa plasmada en algunos escritos que he enviado a nuestra página web. He encontrado, como no podía ser de otra manera, imágenes muy queridas llenas de actos heroicos de nuestros antepasados, imágenes chuscas con ¡todo un Cid! hecho torero y también otras muy negras con sangre inocente derramada y jolgorios desbocados a costa del sufrimiento de animales…
Me ha llamado mucho la atención una “foto” que tenía guardada, con el título de “¡Agua va!”. Es muy curiosa, vereis:
Las ordenanzas más antiguas y conocidas de nuestra ciudad son las que aprobó el rey Fernando VI el 3 de Febrero de 1747. Rigieron hasta muy avanzado el siglo XIX. Abastos y “regatones” (revendedores) eran temas muy importates en dichas ordenanzas pues pretendía el mantenimiento de unos precios asequibles y que tampoco los revendedores hicieran su agosto a costa de los pacíficos ciudadanos.
Pero lo que llama más la atención es la parte de estas disposiciones en la que se apela al ineludible respeto que debemos tener por los demás y que en aquel entonces por lo que se ve, brillaba por su ausencia. Entre otras cosas, decían así:
“Item ordenamos y mandamos que ninguna persona de esta Ciudad pueda verter aguas mayores ni menores inmundas a las calles públicas en ninguna hora del día, y sólo lo puedan hacer dadas las diez de la noche en invierno y las once en verano, con aviso anticipado de agua va por tres veces; y que las demás aguas que no sean inmundas las puedan verter en el discurso del día, pero con el dicho aviso de agua va repetido por tres veces; y en caso de contravención a lo que va prevenido, incurra el que lo hiciere en pena de dos ducados cada vez, etc.”.
“Item ordenamos y mandamos que para el mismo fin de que las calles estén limpias, y evitar el perjuicio que en sus empedrados hacen los cerdos, y los daños que puedan causar en las criaturas, de aquí adelante ningún vecino, habitante ni morador de esta Ciudad pueda en ella echar a la calle ni a sitio público el cerdo o cerdos que criare, antes bien esté obligado a tenerle cerrado y en custodia; y el que lo contrario hiciere pague por cada vez doscientos maravedís, etc”.
Paso página de mi album  particular burgalés y me encuentro con su Semana Santa, especialmente la de mediados del siglo XVI. Es una fotografía, por decirlo así, algo inesperada...
Existe, creo que todavía, en la Biblioteca Nacional una copia de una carta de Felipe II al cardenal Pacheco de Toledo en la que el rey advierte haber sido informado de los desmanes de todo tipo que tenían lugar en la catedral de Burgos. Dice así:
“Muy reverendo in Christo, padre cardenal arzobispo de Burgos , nuestro muy caro y querido amigo: porque avemos sido informado que en los días de Semana Santa en que con mayor respeto , devoción y reverencia se había de estar y asistir en las iglesias y templos a las misas , sacrificios, procesiones y otros divinos oficios que en ella se dicen y se celebran se suele hacer mayores escesos y pecados, y en que Dios nuestro Señor es muy gravemente ofendido , y como quiera que para proveer en ello de manera que se escusen y eviten los dichos pecados y excesos se hos escribe y encarga en otra nuestra carta de la data de esta, que nos enviéis particular relación con vuestro parecer cerca de las cosas que en ella vereis para que se pueda tomar la resolución que convenga, hos encargamos mucho que para esta Semana Santa ordeneis y preveais para que en las iglesias no se consienta en ninguna manera que el Jueves ni Viernes Santo haya comidas, meriendas ni colaciones, aunque sea en las sacristías y tribunas, y que tengais mucha cuenta con ordenar y preveer que la noche del Jueves Santo en las iglesias se ponga en todas las partes de ellas que conviniere, las luces que fuere menester para que no estén oscuras y se escusen los dichos excesos e inconvenientes, y que así mismo diputeis y nombreis personas eclesiásticas y seglares de buen celo y espíritu que tengan cuenta con que no haya excesos, ni deshonestidades en las dichas iglesias y que tambien no se consientan en ellas mujeres rebozadas ni cubiertas, y que si algunos quisieren estar y asistir acompañando los monumentos donde esté encerrado el Santísimo Sacramento estén con su rostro descubierto, y que así mismo ordeneis a los curas tengan cada uno mucha cuenta con visitar su iglesia aquella noche porque no haya ningun exceso ni desorden” (…) y que así mismo provean y ordenen que aquellos días y noches en la puertas de las iglesias ni en las calles y partes donde ordinariamente se suelen y acostumbran vender golosinas, y confituras, y conservas y otras comidas regaladas, no se vendan ni consientan vender por ninguna manera que así conviene al servicio de N.S.J.C., que en ello nos haréis mucho placer; y sea, muy reverendo en Christo padre cardenal arzobispo, nuestro muy caro y amado amigo, Nuestro Señor en vuestra continua guarda. Madrid a 19 de enero de1575.-Yo el Rey.”
La copia de este documento firmado por Juan de Arcos, secretario del cardenal arzobispo de Burgos, está fechada en Burgos 28 de marzo de 1575.
Ha valido la pena  quedarme en casa y revisar mi album-anecdotario del Burgos antiguo. Espero os haya hecho sonreir.

Alberto Saborido

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