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página del 2 de Mayo burgalés

EL DOS DE MAYO BURGALÉS 

Después del mal trago pasado con el relato del asesinato- linchamiento, del gobernador Dn. Isidoro Gutiérrez de Castro en 1869, a manos de incívicos burgaleses, me he encontrado en la Red, con uno de tantos sucesos gloriosos en la historia de Burgos, que me ha impresionado y yo desconocía (pido humildemente perdón). El 18 de Abril del año 1808, mueren fusilados por los franceses, los tres primeros españoles (burgaleses) en lo que se llamaría La Guerra de la Independencia.

placa héroes burgaleses Guerra IndependenciaTranscribo el documento encontrado que es muy interesante, por el relato en sí de lo sucedido y, más si cabe, por las vicisitudes, dificultades y errores (de lo que hago un resumen) que ocurrieron para que una placa conmemorativa de los hechos, que se propuso colocar en 1908, tardara ¡treinta años! (1937) en ser expuesta en el Arco de Santa María. En dicha placa, también se incluyen los nombres de cuatro miembros de la Junta de Burgos que, en el año 1812, también fueron sacrificados.

 

 

 

Al pueblo burgalés
que antes que ninguno de
España se alzó contra los
franceses invasores
en esta plaza donde murieron por
la Patria, Manuel de la Torre,
Nicolás Gutiérrez y Tomás Gredilla
el 18 de abril de 1808
 
A los heroicos vocales de
la Junta Superior de Burgos
José Ortiz de Covarrubias, Pedro Gordo, Eulogio José Muro y José Gregorio Navas,
mártires de la independencia
patria, ahorcados en Soria
el 2 de abril de 1812.
 
El Ayuntamiento de Burgos 1937

18 de Abril de 1808.  Hacía ya muchos días que Burgos se veía invadido por los ejércitos de Napoleón sin que nadie supiese, a ciencia cierta, el motivo de su llegada a España. ¿Amigos de paso para Portugal? ¿Robustecer la autoridad del recién proclamado Fernando VII?. El pueblo recelaba y las tropas se portaban como invasoras. Tropas francesas que se dirigían hacia Vitoria, el 17 de Abril, al encuentro de Napoleón, detuvieron y registraron a un correo español  apoderándose de la correspondencia. Los elementos populares de Burgos, enterados con indignación de este hecho, se reunieron en grupos el 18 de Abril y acudieron a protestar violentamente ante el Intendente de la Ciudad, marqués de la Granja, quien les desatendió, «les hizo poco caso» dice un testigo presencial. La indignación fue creciendo: «Muera –decían las gentes–, ya no hay justicia en Burgos.».

fusilamientos del 2 de Mayo de GoyaEl pueblo, enfurecido, arreciaba en sus «mueras»; y gritaba «fuera esa guardia»; llegó a arrojar algunas piedras, pretendió desarmar a un centinela, y entonces el jefe de la guardia, bárbaramente, sin previo aviso, ordenó hacer fuego, y dice Palomar, artesano burgalés que anotó estas y otras noticias curiosas: «A la primera descarga, tres hombres quedaron muertos en el suelo.»
Nada más pasó; aterrados los burgaleses, incapaces de hacer frente a las fuerzas que de varios sitios acudieron, se retiraron dolidos, irritados, jurando venganza. Allí puede decirse que empezó la Guerra de la Independencia; aquella fue la primera sangre española vertida, días antes de que la salida de las personas reales del palacio de Madrid diera lugar, el 2 de mayo siguiente, a los heroicos hechos y a las terribles matanzas de patriotas españoles que la Historia ha descrito y todos recordamos. Aquellos tres hombres, víctimas de la tropa extranjera eran : Manuel de la Torre, Nicolás Gutiérrez y Tomás Gredilla.
El sacrificio de estos burgaleses que apasionada, violentamente se alzaron contra los invasores, no fue perdido. (...)» (Eloy García de Quevedo,"Las víctimas burgalesas de la guerra de la Independencia", Burgos 1937, págs. 14-16.)

 

2 de Abril de 1812. Ejecución de la Junta de Burgos. Entre los muchos españoles que, durante la gloriosa guerra de la Independencia dieron su vida por la patria, merecen un puesto de honor D. Pedro Gordo, vicepresidente, D. Eulogio Josef Muro y D. José Ortiz de Covarrubias, vocales, e intendente interino, el último, y D. Pedro Velasco, tesorero, que con otros constituían la Junta de Burgos, y fueron ahorcados por los franceses en Soria el día 2 de Abril de 1812.
Dominada la capital por las tropas invasoras, no pudo constituirse en ella la Junta de defensa.. Las vicisitudes de la campaña y lo azaroso de los tiempos impedían a la Junta tener una residencia fija, La felonía de un mal español llamado Moreno, que renegando de su patria se puso al servicio de los franceses, hizo que cayeran en poder de éstos los cuatro vocales cuyos nombres quedan consignados, los cuales pagaron con la vida su amor a la independencia española. En Marzo de 1812, estando en Grado, provincia de Segovia, los franceses cercaron el pueblo y apresaron al vicepresidente y dos vocales de la Junta, el intendente, dos empleados y veinte militares de la escolta, apoderándose también los franceses de los fondos y la documentación. Otros tres vocales lograron escapar. Después de ser objeto de toda clase de insultos y malos tratamientos, los prisioneros fueron conducidos a pie, sin comer y medio desnudos, sufriendo en el camino tales fatigas que tuvieron que asirse a las colas de los caballos para continuar andando, porque el cansancio les vencía. Pernoctando en Ayllón, llegaron al siguiente día a Aranda, y de allí continuaron su triste viaje a Soria, cargados de grillos y arrojados en un carro.
monumento en Soria a los héroes burgaleses de la Guerra IndependenciaUn tribunal militar, con la precipitación que en tiempo de guerra se acostumbra, los condenó a muerte, ejecutándose la cruel sentencia el día 2 de Abril. Aquellos buenos patriotas fueron ahorcados, sufriendo la horrible pena con asombrosa entereza, y sus cadáveres quedaron un día entero pendientes de la horca. Al siguiente, concedido permiso para su inhumación, fueron llevados a enterrar a la iglesia del Salvador, concurriendo al acto el clero, la nobleza, las cofradías y casi todo el pueblo de Soria, que quiso así rendir un homenaje a los infortunados mártires de la Patria. Pero sin duda la improvisada manifestación disgustó a los franceses, porque antes de que terminase la ceremonia, fue interrumpida en la misma iglesia por la tropa, que a viva fuerza obligó a los celebrantes a cargar con los cadáveres y llevarlos al lugar de la ejecución, para colgarlos nuevamente de la horca y enterrarlos luego al pie de ella.
Un sacerdote, revestido como estaba para el fúnebre acto, tuvo que transportar por sí mismo el cuerpo de D. Pedro Gordo, y ayudar a ponerle en la horca.
Pendientes de ésta permanecieron los cadáveres durante muchos días, al alcance de las aves y los perros, que los devoraron en parte, hasta que rotas las cuerdas y caídos aquellos al suelo, fueron enterrados sin ceremonia alguna en el sitio mismo del suplicio. (Juan Albarellos Berroeta [†1922], Efemérides burgalesas [1919], 4ª edición, Burgos 1980, págs. 95-97.)

 

Problemas con la placa conmemorativa

El 4 de Diciembre 1908 el Ayuntamiento de Burgos propone y acuerda “…que se coloquen dos lápidas en el Arco de Santa María, hacia la parte de la antigua plaza Sacramental, comemorativas de la Guerra de la Independencia.”

El concejal autor de la propuesta don Tomás Alonso de Armiño, no se atreve a poner una inscripción: “…careciendo como se carece de competencia en lo que pudiéramos llamar literatura epigráfica o lapidaria, y no teniendo tampoco dotes para inventar frases de esa forma rotunda y ese gesto clásico que exigen las públicas conmemoraciones, cree firmemente  que la Comisión no podrá aceptar, quizás ni en una sola palabra, las inscripciones que ofrece…”.

Pasan los años, incluso se proclamó la República, y esta idea queda olvidada en algún cajón perdido  de la Casa Consistorial. Hasta que en 1935 el alcalde don Manuel Santamaría, pone en marcha nuevamente el expediente, pero esta vez la Comisión de Gobierno es partidaria de una sola placa: “…ya que la fachada norte del Arco de Santa María, no consiente para su colocación simétrica, en relación con la visibilidad que aquellas sean dos.”.

La placa es de piedra de Hontoria. Sus dimensiones son de 2,10 x 1,30 metros. Las inscripciones, por fin, son redactadas por el cronista de la ciudad don Eloy García de Quevedo, y el coste final fue de 750 pesetas.

No se lleva a cabo la colocación hasta el 18 de Abril de 1937, en plena guerra civil, sin ceremonia alguna  dadas las circunstancias.

Alberto Saborido

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